<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789</id><updated>2011-09-15T00:47:32.615-07:00</updated><title type='text'>BIENVENIDOS</title><subtitle type='html'>Ha este Blog de literatura, pintura, cine, y toda suerte de reflexión ontologica.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>13</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-7303188349467274558</id><published>2011-09-08T17:01:00.000-07:00</published><updated>2011-09-08T17:13:35.659-07:00</updated><title type='text'>textos de filosofia 1 Shopenhauer</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-HGdIbvpENKk/TmlZ0UF1ihI/AAAAAAAAAHY/2FU7TilTm2E/s1600/1.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; DISPLAY: block; HEIGHT: 153px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5650145962794256914" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-HGdIbvpENKk/TmlZ0UF1ihI/AAAAAAAAAHY/2FU7TilTm2E/s200/1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Arthur Shopenhauer&lt;br /&gt;(1788 - 1860) &lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Fuente: &lt;em&gt;"Parerga y Paralipómena&lt;/em&gt;"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre el mundo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Nuestro mundo civilizado no es más que una mascarada donde se encuentran caballeros, curas, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos, pero no son lo que representan, sino solo la mascara, bajo la cual, por regla general, se esconden especuladores de dinero."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre el sentido de la vida&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"Los hombres se parecen a esos relojes de cuerda que andan sin saber por qué. Cada vez que se engendra un hombre y se le hace venir al mundo, se da cuerda de nuevo al reloj de la vida humana, para que repita una vez más su rancio sonsonete gastado de eterna caja de música, frase por frase, tiempo por tiempo, con variaciones apenas imperceptibles."&lt;br /&gt;"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Pero entonces, ¿el mundo no es más que una linterna mágica?. Ciertamente el espectáculo es espléndido, pero en cuanto a representar allí algún papel, eso es otra cosa."&lt;br /&gt;"No hay más que tres resortes fundamentales de las acciones humanas, y todos los motivos posibles sólo se relacionan con estos tres resortes. En primer término, el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites; después, la perversidad, que quiere el mal ajeno y llega hasta la suma crueldad, y últimamente la conmiseración, que quiere el bien del prójimo y llega hasta la generosidad, la grandeza del alma. Toda acción humana debe referirse a uno de estos 3 móviles, o aun a dos a la vez."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre la bondad natural del ser humano&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"Imaginad suprimida la fuerza pública, sea, quitado el bozal. Retrocederíais con espanto ante el espectáculo que se ofrecería a vuestros ojos, espectáculo que cada cual se figura fácilmente. ¿No basta esto para confesar cuan poco arraigo tienen la religión, la conciencia, la moral natural, cualquiera que sea su fundamento?."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sólo la conmiseración es el principio real de toda justicia libre y verdadera. La conmiseración es un hecho innegable de la conciencia humana; es esencialmente propia de ésta y no depende de nociones anteriores, de ideas a priori, religiones, dogmas, mitos, educación y cultura."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lo que la lluvia es para el fuego, eso es la lástima para la ira."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre la amistad&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"Nada mejor la ignorancia del mundo como alegar, cual prueba de los méritos y valía de un hombre, que tiene muchos amigos. ¡Como si los hombres otorgasen su amistad con arreglo a la valía y al mérito! ¡Como si, por el contrario, no fueran semejantes a los perros, que aman a quien les acaricia o solamente les hecha huesos que roer, sin mas halago! Quien mejor sabe acariciar a los hombres - aun cuando sean asquerosas alimañas -, ese tiene muchos amigos."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al junto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc. Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, por que con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las deformidades mas horrorosas y variadas: fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sobre la sociedad y el estado&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;"El estado no es más que el bozal que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer de suerte que tenga el aspecto de un herbívoro."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No hay que desesperar a cada absurdo que se dice en público o en la sociedad, que se imprime en los libros y que se acoge bien, o al menos no se refuta; no hay que creer tampoco que quedará eternamente consolidado. Sepamos, para consuelo nuestro, que más tarde, e insensiblemente el absurdo se rumiará, se elucidará, se meditará, se examinará, se discutirá, y las mas veces de las veces se juzgará con justicia al fin y al cabo, de suerte que, después de transcurrido un tiempo variable en función de la dificultad del asunto, casi todo el mundo acabará por comprender lo que el espíritu lúcido había visto a primera vista. Verdad es que en el ínterin hay que tener paciencia, por que un hombre de juicio justo entre personas que están en el error se parecerá a aquel cuyo reloj marcha bien en una ciudad en donde todos los relojes andan desarreglados. Él sabe la hora exacta; pero ¿qué importa?. Todo el mundo se guía por los relojes públicos, que marcan una hora fatal, aun los que saben que sólo el reloj del primero da la hora verdadera."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Toda sociedad exige, necesariamente, un acomodamiento recíproco, un temperamento; así cuanto más numerosa es, más insípida se hace. No se puede ser verdaderamente uno mismo, sino mientras está uno sólo; por consiguiente, quien no ama la soledad, no ama la libertad, porque no es uno libre sino estando solo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ah! Cuando la calidad de la sociedad pueda sustituir a la cantidad, entonces merecerá la pena vivir aunque sea en el gran mundo, pero cien necios puestos en montón no hacen un hombre de talento".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre la felicidad&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"Pero lo que más que nada contribuye directamente a nuestra felicidad, es un humor jovial, porque esta buena cualidad encuentra inmediatamente su recompensa en sí misma. En efecto; el que es alegre, tiene siempre motivo para serlo, por lo mismo que lo es. Nada puede remplazar a todos los demás bienes tan completamente como esta cualidad, mientras que ella misma no puede reemplazarse por nada. Que un hombre sea joven, hermoso, rico, y considerado, para poder juzgar su felicidad la cuestión sería saber si, además es alegre; en cambio si es alegre, entonces poco importa que sea joven o viejo, bien formado o contrahecho, pobre o rico: es feliz."&lt;br /&gt;"Así pues debemos abrir puertas y ventanas a la alegría, siempre que se presente, porque nunca llega a destiempo, en vez de vacilar en admitirla, como a menudo hacemos, queriendo primero darnos cuenta de si tenemos motivos para estar contentos por todos conceptos, o por miedo de que nos aparte de meditaciones serias o de graves preocupaciones; y sin embargo, es muy incierto que ellas puedan mejorar nuestra situación, al paso que la alegría es un beneficio inmediato. Ella sola es, por decirlo así, el dinero contante y sonante de la felicidad."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Es cierto que nada contribuye menos a la alegría que la riqueza, y nada contribuye más que la salud; en las clases inferiores, entre los trabajadores de la tierra, se observan los rostros alegres y contentos; en los ricos y grandes dominan las figuras melancólicas."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre la lectura&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"Por eso es muy importante conocer el arte de no leer. Consiste en no leer lo que preocupa momentáneamente al gran público, como libelos políticos y eclesiásticos, novelas, poesías, etc., algunos de los cuales alcanzan varias ediciones"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Para leer lo bueno es necesario no leer lo malo, por que la vida es corta y el tiempo y las fuerzas limitadas."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sentencias de la razón llaman todos a ciertas frases que se creen verdad sin investigarlas, convencidos que, aunque quisieren, no podrían comprobarlas seriamente, teniéndolas que poner en duda por lo pronto. Han obtenido ese crédito desde que empezaron a hablar y pensar, siéndoles siempre repetidas e inoculadas; así, pues, se han acostumbrado a pensarlas desde que han reflexionado, no pudiendo ya separarlas de si, por que se han unido a sus cerebros. Lo dicho es tan verdad, que sería superfluo y hasta peligroso el demostrarlo con ejemplos."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Se escriben libros sobre los grandes espíritus de pasado, y el público los lee, pero no a aquellos, por que quiere siempre ver impresos frescos, y con el vulgo está más en armonía la charla de los cretinos contemporáneos que los pensamientos de los grandes espíritus. Doy las gracias al destino, que me hizo leer un hermoso epigrama de Schlegel, que ha llegado a ser mío: 'Leer con calor a los verdaderos antiguos, lo que de ellos dicen los modernos no significa mucho'. ¡Cómo se parecen los hombres vulgares! ¡Todos parecen hechos con el mismo molde! ¡Les ocurre siempre lo mismo en las mismas ocasiones! Y sus bajas intenciones personales, y la charla despreciable de tales sujetos lee un público estúpido con tal de que estén impresas hoy mismo, dejando en los estantes a los grandes espíritus."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En todos los tiempo hay dos literaturas, paralelas y opuestas: una real y una aparente. Aquella llega a ser la literatura permanente, hecha por hombres que viven para la ciencia y la poesía, avanzando seria y acompasadamente, pero con mucha lentitud, produciendo en Europa una docena de obras por siglo, pero obras que quedan. La otra literatura está escrita por hombres que viven de la ciencia o poesía: llenando todos los años el mercado con muchos miles de obras, pero al cabo de algunos años se pregunta: ¿dónde están las obras? ¿Dónde está la gloria tan rápida y ruidosa? Puede llamarse a una literatura permanente y la otra pasajera."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No hay mayor goce espiritual que la lectura de los antiguos clásicos: su lectura, aunque de una media hora, nos purifica, recrea, refresca, eleva y fortalece, como si se hubiese bebido en una fresca fuente que mana entre rocas."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En la historia mundial siempre significa algo un medio siglo, por que siempre ocurre algo. Pero en la historia de la literatura no significa nada, por que no sucede nada, ya que los intentos chapuceros no importan. Se está donde se estaba hace cincuenta años. [...] Así por ejemplo la filosofía de Fichte y Schelling está coronada por la caricatura de Hegel. Este epiciclo se desviaba últimamente de la línea circular por Kant conducida. De donde la he recogido yo para continuarla; entre tanto, recorrieron su epiciclo los citados seudofilósofos y aun algunos otros, epiciclo que ahora concluye, reconociendo el público que se encuentra donde ha partido."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre la religión&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"En verdad que no es el judaísmo, sino el brahmanismo y el budismo quienes, por su espíritu y tendencia moral, se aproximan al cristianismo. El espíritu y la tendencia moral son la esencia de una religión, y no los mitos que lo envuelven. El espíritu del antiguo testamento es verdaderamente extraño al puro cristianismo, por que en todo el nuevo testamento se trata del mundo como una cosa a la cual no se pertenece y no se ama, una cosa que está bajo el imperio del diablo. Esto se halla conforme con el espíritu de ascetismo, de renunciamiento y de victoria sobre el mundo; espíritu que junto con el de amor al prójimo y el perdón de las injurias, señala el rasgo fundamental y la estrecha afinidad que unen al cristianismo, al brahmanismo y al budismo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuan limitado y pobre es el intelecto humano normal, y cuan escasa la claridad de la conciencia, se percibe en que, a pesar de la brevedad pasajera de la vida humana arrojada al tiempo infinito, la miseria de nuestra existencia, los infinitos enigmas, el carácter importante de tantas apariencias y la insuficiencia de la vida, a pesar de todo, no filosofan todos constantemente, sino sólo unos cuantos pocos, perfectas excepciones. Los demás viven en este sueño, casi como los animales, de los cuales al fin se distinguen sólo por tener la previsión de algunos años. La necesidad metafísica que quizás sintieran está prevista desde arriba y por adelantado por las religiones, que les bastan, sean como fueren. Sin embargo, pudiera suceder que en el silencio se filosofa mucho más de lo que parece, aunque sea esta filosofía... ,como sea. Realmente es nuestra situación muy deplorable; vivir un lapso de tiempo lleno de dificultades, miserias, angustias y dolores sin saber ni siquiera de dónde venimos, a donde vamos, y con todo esto tener que oír aun a los clérigos de todos los colores, con sus respectivas revelaciones y sus amenazas contra los incrédulos."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Que el mundo tiene sólo una significación física y no moral es el mayor error y el más pernicioso error fundamental, la verdadera perversidad del pensar, y en el fondo, es también lo que la fe ha personificado como el anticristo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sobre la filosofía&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;"Para filosofar hacen falta dos condiciones: primera, tener el valor de no suprimir ninguna pregunta, y segunda, comprender como problema todo aquello que se comprende por si mismo, teniendo conciencia de ello"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lo que se opone más al hallazgo de la verdad no es la falsa apariencia que surge de las cosas, llevando al error, ni tampoco inmediatamente la debilidad de la inteligencia, sino la opinión presupuesta, el prejuicio que se impone como impedimento a priori a la verdad."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"...al periodo brillante de Kant seguía otro inmediatamente en la filosofía alemana que pretendía imponerse en lugar de convencer: ser brillante e hiperbólica, pero incomprensible en lugar de profunda y clara.[...]Pues en Hegel y sus secuaces ha llegado el superlativo la impertinencia de escribir tonterías, y el reclamo sin conciencia, y la intención manifiesta de estos sordos manejos, de modo que se puso al fin de manifiesto para todos toda esta charlatanería, acabando también con la protección de arriba gracias a ciertas revelaciones. Los antecedentes de Fichte y Schelling, respecto a la filosofastrería más miserable que jamás ha existido, arrastraban también a estos al abismo del descrédito."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Si imagino un objeto, quizá un panorama, y me imagino que en este momento me cortan la cabeza, sé bien que el objeto quedaría invariable: esto indica en lo más profundo que también yo existía todavía. Esto lo comprenderán muy pocos, y para éstos queda dicho."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La inteligencia no es una magnitud extensa, sino intensa; por esto opone un hombre razonable su criterio a diez mil personas, y mil necios no hacen un hombre razonable."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lo que falta en la mayoría de las cabezas son dos cualidades emparentadas: juzgar y tener ideas propias. Ambas cualidades faltan de una manera increíble y los que no pertenecen a ellos no comprenden la tristeza de su existencia."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La genialidad consiste en la objetividad del intelecto."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Para tener ideas originales, extraordinarias y quizá hasta inmortales, basta quedar extraño completamente al mundo y a las cosas por un momento."&lt;br /&gt;________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-7303188349467274558?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/7303188349467274558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=7303188349467274558' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/7303188349467274558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/7303188349467274558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2011/09/textos-de-filosofia-1-shopenhauer.html' title='textos de filosofia 1 Shopenhauer'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-HGdIbvpENKk/TmlZ0UF1ihI/AAAAAAAAAHY/2FU7TilTm2E/s72-c/1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-2313682969128179188</id><published>2009-02-26T16:40:00.000-08:00</published><updated>2009-02-26T16:44:35.476-08:00</updated><title type='text'>POEMA V</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Sac3RoI_M3I/AAAAAAAAAB0/5DySzhVgnCA/s1600-h/montale.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307271461851837298" style="FLOAT: left; 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Según la primera, lo &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaVcX7yQ2mI/AAAAAAAAABs/4QIsewDUPNI/s1600-h/prometeo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306749302181255778" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 167px; CURSOR: hand; HEIGHT: 225px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaVcX7yQ2mI/AAAAAAAAABs/4QIsewDUPNI/s400/prometeo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;amarraron al Caucazo por haber dado a conocer a los hombres los secretos divinos, y los dioses enviaron numerosas águilas a devorar su hígado, en continua renovación. De acuerdo con la segunda, Prometeo,&lt;br /&gt;deshecho por el dolor que le producían los picos desgarradores,&lt;br /&gt;se fue empotrando en la roca hasta llegar a fundirse con ella. Conforme a la tercera, su traición paso al olvido con el correr de los siglos.&lt;br /&gt;Los dioses lo olvidaron, las águilas, lo olvidaron, el mismo se olvidó. Con arreglo a la cuarta, todos se aburrieron de esa historia absurda.&lt;br /&gt;Se aburrieron los dioses, se aburrieron las águilas y la herida se cerró de tedio. Solo permaneció el inexplicable peñasco. La leyenda pretende descifrar lo indescifrable. Como surgida de una verdad, tiene que remontarse a lo indescifrable.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Franz Kafka&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-111986605865789826?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/111986605865789826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=111986605865789826' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/111986605865789826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/111986605865789826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/prometeo.html' title='PROMETEO'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaVcX7yQ2mI/AAAAAAAAABs/4QIsewDUPNI/s72-c/prometeo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-3588125093407067035</id><published>2009-02-24T06:49:00.000-08:00</published><updated>2009-02-24T06:51:22.983-08:00</updated><title type='text'>Chac Mool</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace poco tiempo, Filiberto murió ahogado en Acapulco. Sucedió en Semana Santa. Aunque había sido despedido de su empleo en la Secretaría, Filiberto no pudo resistir la tentación burocrática de ir, como todos los años, a la pensión alemana, comer el choucrout endulzado por los sudores de la cocina tropical, bailar el Sábado de Gloria en La Quebrada y sentirse “gente conocida” en el oscuro anonimato vespertino de la Playa de Hornos. Claro, sabíamos que en su juventud había nadado bien; pero ahora, a los cuarenta, y tan desmejorado como se le veía, ¡intentar salvar, a la medianoche, el largo trecho entre Caleta y la isla de la Roqu&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaQJJkHILbI/AAAAAAAAABc/yWjMPxZqRX4/s1600-h/chac.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306376320866332082" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 269px; CURSOR: hand; HEIGHT: 175px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaQJJkHILbI/AAAAAAAAABc/yWjMPxZqRX4/s400/chac.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;eta! Frau Müller no permitió que se le velara, a pesar de ser un cliente tan antiguo, en la pensión; por el contrario, esa noche organizó un baile en la terracita sofocada, mientras Filiberto esperaba, muy pálido dentro de su caja, a que saliera el camión matutino de la terminal, y pasó acompañado de huacales y fardos la primera noche de su nueva vida. Cuando llegué, muy temprano, a vigilar el embarque del féretro, Filiberto estaba bajo un túmulo de cocos: el chofer dijo que lo acomodáramos rápidamente en el toldo y lo cubriéramos con lonas, para que no se espantaran los pasajeros, y a ver si no le habíamos echado la sal al viaje.&lt;br /&gt;Salimos de Acapulco a la hora de la brisa tempranera. Hasta Tierra Colorada nacieron el calor y la luz. Mientras desayunaba huevos y chorizo abrí el cartapacio de Filiberto, recogido el día anterior, junto con sus otras pertenencias, en la pensión de los Müller. Doscientos pesos. Un periódico derogado de la ciudad de México. Cachos de lotería. El pasaje de ida -¿sólo de ida? Y el cuaderno barato, de hojas cuadriculadas y tapas de papel mármol.&lt;br /&gt;Me aventuré a leerlo, a pesar de las curvas, el hedor a vómitos y cierto sentimiento natural de respeto por la vida privada de mi difunto amigo. Recordaría -sí, empezaba con eso- nuestra cotidiana labor en la oficina; quizá sabría, al fin, por qué fue declinado, olvidando sus deberes, por qué dictaba oficios sin sentido, ni número, ni “Sufragio Efectivo No Reelección”. Por qué, en fin, fue corrido, olvidaba la pensión, sin respetar los escalafones.&lt;br /&gt;“Hoy fui a arreglar lo de mi pensión. El Licenciado, amabilísimo. Salí tan contento que decidí gastar cinco pesos en un café. Es el mismo al que íbamos de jóvenes y al que ahora nunca concurro, porque me recuerda que a los veinte años podía darme más lujos que a los cuarenta. Entonces todos estábamos en un mismo plano, hubiéramos rechazado con energía cualquier opinión peyorativa hacia los compañeros; de hecho, librábamos la batalla por aquellos a quienes en la casa discutían por su baja extracción o falta de elegancia. Yo sabía que muchos de ellos (quizá los más humildes) llegarían muy alto y aquí, en la Escuela, se iban a forjar las amistades duraderas en cuya compañía cursaríamos el mar bravío. No, no fue así. No hubo reglas. Muchos de los humildes se quedaron allí, muchos llegaron más arriba de lo que pudimos pronosticar en aquellas fogosas, amables tertulias. Otros, que parecíamos prometerlo todo, nos quedamos a la mitad del camino, destripados en un examen extracurricular, aislados por una zanja invisible de los que triunfaron y de los que nada alcanzaron. En fin, hoy volví a sentarme en las sillas modernizadas -también hay, como barricada de una invasión, una fuente de sodas- y pretendí leer expedientes. Vi a muchos antiguos compañeros, cambiados, amnésicos, retocados de luz neón, prósperos. Con el café que casi no reconocía, con la ciudad misma, habían ido cincelándose a ritmo distinto del mío. No, ya no me reconocían; o no me querían reconocer. A lo sumo -uno o dos- una mano gorda y rápida sobre el hombro. Adiós viejo, qué tal. Entre ellos y yo mediaban los dieciocho agujeros del Country Club. Me disfracé detrás de los expedientes. Desfilaron en mi memoria los años de las grandes ilusiones, de los pronósticos felices y, también todas las omisiones que impidieron su realización. Sentí la angustia de no poder meter los dedos en el pasado y pegar los trozos de algún rompecabezas abandonado; pero el arcón de los juguetes se va olvidando y, al cabo, ¿quién sabrá dónde fueron a dar los soldados de plomo, los cascos, las espadas de madera? Los disfraces tan queridos, no fueron más que eso. Y sin embargo, había habido constancia, disciplina, apego al deber. ¿No era suficiente, o sobraba? En ocasiones me asaltaba el recuerdo de Rilke. La gran recompensa de la aventura de juventud debe ser la muerte; jóvenes, debemos partir con todos nuestros secretos. Hoy, no tendría que volver la mirada a las ciudades de sal. ¿Cinco pesos? Dos de propina.”&lt;br /&gt;“Pepe, aparte de su pasión por el derecho mercantil, gusta de teorizar. Me vio salir de Catedral, y juntos nos encaminamos a Palacio. Él es descreído, pero no le basta; en media cuadra tuvo que fabricar una teoría. Que si yo no fuera mexicano, no adoraría a Cristo y -No, mira, parece evidente. Llegan los españoles y te proponen adorar a un Dios muerto hecho un coágulo, con el costado herido, clavado en una cruz. Sacrificado. Ofrendado. ¿Qué cosa más natural que aceptar un sentimiento tan cercano a todo tu ceremonial, a toda tu vida?... figúrate, en cambio, que México hubiera sido conquistado por budistas o por mahometanos. No es concebible que nuestros indios veneraran a un individuo que murió de indigestión. Pero un Dios al que no le basta que se sacrifiquen por él, sino que incluso va a que le arranquen el corazón, ¡caramba, jaque mate a Huitzilopochtli! El cristianismo, en su sentido cálido, sangriento, de sacrificio y liturgia, se vuelve una prolongación natural y novedosa de la religión indígena. Los aspectos caridad, amor y la otra mejilla, en cambio, son rechazados. Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres para poder creer en ellos.&lt;br /&gt;“Pepe conocía mi afición, desde joven, por ciertas formas de arte indígena mexicana. Yo colecciono estatuillas, ídolos, cacharros. Mis fines de semana los paso en Tlaxcala o en Teotihuacán. Acaso por esto le guste relacionar todas las teorías que elabora para mi consumo con estos temas. Por cierto que busco una réplica razonable del Chac Mool desde hace tiempo, y hoy Pepe me informa de un lugar en la Lagunilla donde venden uno de piedra y parece que barato. Voy a ir el domingo.&lt;br /&gt;“Un guasón pintó de rojo el agua del garrafón en la oficina, con la consiguiente perturbación de las labores. He debido consignarlo al Director, a quien sólo le dio mucha risa. El culpable se ha valido de esta circunstancia para hacer sarcasmos a mis costillas el día entero, todos en torno al agua. Ch...”&lt;br /&gt;“Hoy domingo, aproveché para ir a la Lagunilla. Encontré el Chac Mool en la tienducha que me señaló Pepe. Es una pieza preciosa, de tamaño natural, y aunque el marchante asegura su originalidad, lo dudo. La piedra es corriente, pero ello no aminora la elegancia de la postura o lo macizo del bloque. El desleal vendedor le ha embarrado salsa de tomate en la barriga al ídolo para convencer a los turistas de la sangrienta autenticidad de la escultura.&lt;br /&gt;“El traslado a la casa me costó más que la adquisición. Pero ya está aquí, por el momento en el sótano mientras reorganizo mi cuarto de trofeos a fin de darle cabida. Estas figuras necesitan sol vertical y fogoso; ese fue su elemento y condición. Pierde mucho mi Chac Mool en la oscuridad del sótano; allí, es un simple bulto agónico, y su mueca parece reprocharme que le niegue la luz. El comerciante tenía un foco que iluminaba verticalmente en la escultura, recortando todas sus aristas y dándole una expresión más amable. Habrá que seguir su ejemplo.”&lt;br /&gt;“Amanecí con la tubería descompuesta. Incauto, dejé correr el agua de la cocina y se desbordó, corrió por el piso y llego hasta el sótano, sin que me percatara. El Chac Mool resiste la humedad, pero mis maletas sufrieron. Todo esto, en día de labores, me obligó a llegar tarde a la oficina.”&lt;br /&gt;“Vinieron, por fin, a arreglar la tubería. Las maletas, torcidas. Y el Chac Mool, con lama en la base.”&lt;br /&gt;“Desperté a la una: había escuchado un quejido terrible. Pensé en ladrones. Pura imaginación.”&lt;br /&gt;“Los lamentos nocturnos han seguido. No sé a qué atribuirlo, pero estoy nervioso. Para colmo de males, la tubería volvió a descomponerse, y las lluvias se han colado, inundando el sótano.”&lt;br /&gt;“El plomero no viene; estoy desesperado. Del Departamento del Distrito Federal, más vale no hablar. Es la primera vez que el agua de las lluvias no obedece a las coladeras y viene a dar a mi sótano. Los quejidos han cesado: vaya una cosa por otra.”&lt;br /&gt;“Secaron el sótano, y el Chac Mool está cubierto de lama. Le da un aspecto grotesco, porque toda la masa de la escultura parece padecer de una erisipela verde, salvo los ojos, que han permanecido de piedra. Voy a aprovechar el domingo para raspar el musgo. Pepe me ha recomendado cambiarme a una casa de apartamentos, y tomar el piso más alto, para evitar estas tragedias acuáticas. Pero yo no puedo dejar este caserón, ciertamente es muy grande para mí solo, un poco lúgubre en su arquitectura porfiriana. Pero es la única herencia y recuerdo de mis padres. No sé qué me daría ver una fuente de sodas con sinfonola en el sótano y una tienda de decoración en la planta baja.”&lt;br /&gt;“Fui a raspar el musgo del Chac Mool con una espátula. Parecía ser ya parte de la piedra; fue labor de más de una hora, y sólo a las seis de la tarde pude terminar. No se distinguía muy bien la penumbra; al finalizar el trabajo, seguí con la mano los contornos de la piedra. Cada vez que lo repasaba, el bloque parecía reblandecerse. No quise creerlo: era ya casi una pasta. Este mercader de la Lagunilla me ha timado. Su escultura precolombina es puro yeso, y la humedad acabará por arruinarla. Le he echado encima unos trapos; mañana la pasaré a la pieza de arriba, antes de que sufra un deterioro total.”&lt;br /&gt;“Los trapos han caído al suelo, increíble. Volví a palpar el Chac Mool. Se ha endurecido pero no vuelve a la consistencia de la piedra. No quiero escribirlo: hay en el torso algo de la textura de la carne, al apretar los brazos los siento de goma, siento que algo circula por esa figura recostada... Volví a bajar en la noche. No cabe duda: el Chac Mool tiene vello en los brazos.”&lt;br /&gt;“Esto nunca me había sucedido. Tergiversé los asuntos en la oficina, giré una orden de pago que no estaba autorizada, y el Director tuvo que llamarme la atención. Quizá me mostré hasta descortés con los compañeros. Tendré que ver a un médico, saber si es mi imaginación o delirio o qué, y deshacerme de ese maldito Chac Mool.”&lt;br /&gt;Hasta aquí la escritura de Filiberto era la antigua, la que tantas veces vi en formas y memoranda, ancha y ovalada. La entrada del 25 de agosto, sin embargo, parecía escrita por otra persona. A veces como niño, separando trabajosamente cada letra; otras, nerviosa, hasta diluirse en lo ininteligible. Hay tres días vacíos, y el relato continúa:&lt;br /&gt;“Todo es tan natural; y luego se cree en lo real... pero esto lo es, más que lo creído por mí. Si es real un garrafón, y más, porque nos damos mejor cuenta de su existencia, o estar, si un bromista pinta el agua de rojo... Real bocanada de cigarro efímera, real imagen monstruosa en un espejo de circo, reales, ¿no lo son todos los muertos, presentes y olvidados?... si un hombre atravesara el paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?... Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no conocemos más que uno de los trozos desprendidos de su gran cuerpo. Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le aprisiona en el rumor de un caracol marino. Hasta hace tres días, mi realidad lo era al grado de haberse borrado hoy; era movimiento reflejo, rutina, memoria, cartapacio. Y luego, como la tierra que un día tiembla para que recordemos su poder, o como la muerte que un día llegará, recriminando mi olvido de toda la vida, se presenta otra realidad: sabíamos que estaba allí, mostrenca; ahora nos sacude para hacerse viva y presente. Pensé, nuevamente, que era pura imaginación: el Chac Mool, blando y elegante, había cambiado de color en una noche; amarillo, casi dorado, parecía indicarme que era un dios, por ahora laxo, con las rodillas menos tensas que antes, con la sonrisa más benévola. Y ayer, por fin, un despertar sobresaltado, con esa seguridad espantosa de que hay dos respiraciones en la noche, de que en la oscuridad laten más pulsos que el propio. Sí, se escuchaban pasos en la escalera. Pesadilla. Vuelta a dormir... No sé cuánto tiempo pretendí dormir. Cuando volvía a abrir los ojos, aún no amanecía. El cuarto olía a horror, a incienso y sangre. Con la mirada negra, recorrí la recámara, hasta detenerme en dos orificios de luz parpadeante, en dos flámulas crueles y amarillas.&lt;br /&gt;“Casi sin aliento, encendí la luz.&lt;br /&gt;“Allí estaba Chac Mool, erguido, sonriente, ocre, con su barriga encarnada. Me paralizaron los dos ojillos casi bizcos, muy pegados al caballete de la nariz triangular. Los dientes inferiores mordían el labio superior, inmóviles; sólo el brillo del casuelón cuadrado sobre la cabeza anormalmente voluminosa, delataba vida. Chac Mool avanzó hacia mi cama; entonces empezó a llover.”&lt;br /&gt;Recuerdo que a fines de agosto, Filiberto fue despedido de la Secretaría, con una recriminación pública del Director y rumores de locura y hasta de robo. Esto no lo creí. Sí pude ver unos oficios descabellados, preguntándole al Oficial Mayor si el agua podía olerse, ofreciendo sus servicios al Secretario de Recursos Hidráulicos para hacer llover en el desierto. No supe qué explicación darme a mí mismo; pensé que las lluvias excepcionalmente fuertes, de ese verano, habían enervado a mi amigo. O que alguna depresión moral debía producir la vida en aquel caserón antiguo, con la mitad de los cuartos bajo llave y empolvados, sin criados ni vida de familia. Los apuntes siguientes son de fines de septiembre:&lt;br /&gt;“Chac Mool puede ser simpático cuando quiere, ‘...un gluglú de agua embelesada’... Sabe historias fantásticas sobre los monzones, las lluvias ecuatoriales y el castigo de los desiertos; cada planta arranca de su paternidad mítica: el sauce es su hija descarriada, los lotos, sus niños mimados; su suegra, el cacto. Lo que no puedo tolerar es el olor, extrahumano, que emana de esa carne que no lo es, de las sandalias flamantes de vejez. Con risa estridente, Chac Mool revela cómo fue descubierto por Le Plongeon y puesto físicamente en contacto de hombres de otros símbolos. Su espíritu ha vivido en el cántaro y en la tempestad, naturalmente; otra cosa es su piedra, y haberla arrancado del escondite maya en el que yacía es artificial y cruel. Creo que Chac Mool nunca lo perdonará. Él sabe de la inminencia del hecho estético.&lt;br /&gt;“He debido proporcionarle sapolio para que se lave el vientre que el mercader, al creerlo azteca, le untó de salsa ketchup. No pareció gustarle mi pregunta sobre su parentesco con Tlaloc&lt;a style="TEXT-DECORATION: none" href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/chac.htm#1" target="_self"&gt;1&lt;/a&gt;, y cuando se enoja, sus dientes, de por sí repulsivos, se afilan y brillan. Los primeros días, bajó a dormir al sótano; desde ayer, lo hace en mi cama.”&lt;br /&gt;“Hoy empezó la temporada seca. Ayer, desde la sala donde ahora duermo, comencé a oír los mismos lamentos roncos del principio, seguidos de ruidos terribles. Subí; entreabrí la puerta de la recámara: Chac Mool estaba rompiendo las lámparas, los muebles; al verme, saltó hacia la puerta con las manos arañadas, y apenas pude cerrar e irme a esconder al baño. Luego bajó, jadeante, y pidió agua; todo el día tiene corriendo los grifos, no queda un centímetro seco en la casa. Tengo que dormir muy abrigado, y le he pedido que no empape más la sala&lt;a style="TEXT-DECORATION: none" href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/chac.htm#2" target="_self"&gt;2&lt;/a&gt;.”&lt;br /&gt;“El Chac inundó hoy la sala. Exasperado, le dije que lo iba a devolver al mercado de la Lagunilla. Tan terrible como su risilla -horrorosamente distinta a cualquier risa de hombre o de animal- fue la bofetada que me dio, con ese brazo cargado de pesados brazaletes. Debo reconocerlo: soy su prisionero. Mi idea original era bien distinta: yo dominaría a Chac Mool, como se domina a un juguete; era, acaso, una prolongación de mi seguridad infantil; pero la niñez -¿quién lo dijo?- es fruto comido por los años, y yo no me he dado cuenta... Ha tomado mi ropa y se pone la bata cuando empieza a brotarle musgo verde. El Chac Mool está acostumbrado a que se le obedezca, desde siempre y para siempre; yo, que nunca he debido mandar, sólo puedo doblegarme ante él. Mientras no llueva -¿y su poder mágico?- vivirá colérico e irritable.”&lt;br /&gt;“Hoy decidí que en las noches Chac Mool sale de la casa. Siempre, al oscurecer, canta una tonada chirriona y antigua, más vieja que el canto mismo. Luego cesa. Toqué varias veces a su puerta, y como no me contestó, me atrevía a entrar. No había vuelto a ver la recámara desde el día en que la estatua trató de atacarme: está en ruinas, y allí se concentra ese olor a incienso y sangre que ha permeado la casa. Pero detrás de la puerta, hay huesos: huesos de perros, de ratones y gatos. Esto es lo que roba en la noche el Chac Mool para sustentarse. Esto explica los ladridos espantosos de todas las madrugadas.”&lt;br /&gt;“Febrero, seco. Chac Mool vigila cada paso mío; me ha obligado a telefonear a una fonda para que diariamente me traigan un portaviandas. Pero el dinero sustraído de la oficina ya se va a acabar. Sucedió lo inevitable: desde el día primero, cortaron el agua y la luz por falta de pago. Pero Chac Mool ha descubierto una fuente pública a dos cuadras de aquí; todos los días hago diez o doce viajes por agua, y él me observa desde la azotea. Dice que si intento huir me fulminará: también es Dios del Rayo. Lo que él no sabe es que estoy al tanto de sus correrías nocturnas... Como no hay luz, debo acostarme a las ocho. Ya debería estar acostumbrado al Chac Mool, pero hace poco, en la oscuridad, me topé con él en la escalera, sentí sus brazos helados, las escamas de su piel renovada y quise gritar.”&lt;br /&gt;“Si no llueve pronto, el Chac Mool va a convertirse otra vez en piedra. He notado sus dificultades recientes para moverse; a veces se reclina durante horas, paralizado, contra la pared y parece ser, de nuevo, un ídolo inerme, por más dios de la tempestad y el trueno que se le considere. Pero estos reposos sólo le dan nuevas fuerzas para vejarme, arañarme como si pudiese arrancar algún líquido de mi carne. Ya no tienen lugar aquellos intermedios amables durante los cuales relataba viejos cuentos; creo notar en él una especie de resentimiento concentrado. Ha habido otros indicios que me han puesto a pensar: los vinos de mi bodega se están acabando; Chac Mool acaricia la seda de la bata; quiere que traiga una criada a la casa, me ha hecho enseñarle a usar jabón y lociones. Incluso hay algo viejo en su cara que antes parecía eterna. Aquí puede estar mi salvación: si el Chac cae en tentaciones, si se humaniza, posiblemente todos sus siglos de vida se acumulen en un instante y caiga fulminado por el poder aplazado del tiempo. Pero también me pongo a pensar en algo terrible: el Chac no querrá que yo asista a su derrumbe, no querrá un testigo..., es posible que desee matarme.”&lt;br /&gt;“Hoy aprovecharé la excursión nocturna de Chac para huir. Me iré a Acapulco; veremos qué puede hacerse para conseguir trabajo y esperar la muerte de Chac Mool; sí, se avecina; está canoso, abotagado. Yo necesito asolearme, nadar y recuperar fuerzas. Me quedan cuatrocientos pesos. Iré a la Pensión Müller, que es barata y cómoda. Que se adueñe de todo Chac Mool: a ver cuánto dura sin mis baldes de agua.”&lt;br /&gt;Aquí termina el diario de Filiberto. No quise pensar más en su relato; dormí hasta Cuernavaca. De ahí a México pretendí dar coherencia al escrito, relacionarlo con exceso de trabajo, con algún motivo sicológico. Cuando, a las nueve de la noche, llegamos a la terminal, aún no podía explicarme la locura de mi amigo. Contraté una camioneta para llevar el féretro a casa de Filiberto, y después de allí ordenar el entierro.&lt;br /&gt;Antes de que pudiera introducir la llave en la cerradura, la puerta se abrió. Apareció un indio amarillo, en bata de casa, con bufanda. Su aspecto no podía ser más repulsivo; despedía un olor a loción barata, quería cubrir las arrugas con la cara polveada; tenía la boca embarrada de lápiz labial mal aplicado, y el pelo daba la impresión de estar teñido.&lt;br /&gt;-Perdone... no sabía que Filiberto hubiera...&lt;br /&gt;-No importa; lo sé todo. Dígale a los hombres que lleven el cadáver al sótano.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;FIN&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-3588125093407067035?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/3588125093407067035/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=3588125093407067035' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3588125093407067035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3588125093407067035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/chac-mool.html' title='Chac Mool'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaQJJkHILbI/AAAAAAAAABc/yWjMPxZqRX4/s72-c/chac.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-7817641283158884780</id><published>2009-02-24T06:40:00.000-08:00</published><updated>2009-02-24T06:47:46.432-08:00</updated><title type='text'>EMBRIAGAOS</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaQHgb3bAmI/AAAAAAAAABU/Zy7f0JnaKXk/s1600-h/Baudelaire1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306374514766709346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 367px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaQHgb3bAmI/AAAAAAAAABU/Zy7f0JnaKXk/s400/Baudelaire1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir"&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;         Charles Baudelaire.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hay que estar siempre ebrio. Nada más; esta es toda la cuestión. Para no sentir el peso horrible del tiempo, que os quiebra la espalda y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin parar.¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como queráis. Pero embriagaos.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Y si alguna vez, en las escaleras de un palacio, en la verde hierba de una zanja, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertáis, porque ha disminuido o ha desaparecido vuestra embriaguez, preguntad al viento, a las olas, a las estrellas, a los pájaros, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que gira, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, las olas, las estrellas, los pájaros, el reloj, os contestarán: "¡Es la hora de embriagarse!"&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos; embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud, como queráis.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-7817641283158884780?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/7817641283158884780/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=7817641283158884780' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/7817641283158884780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/7817641283158884780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/embriagaos.html' title='EMBRIAGAOS'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SaQHgb3bAmI/AAAAAAAAABU/Zy7f0JnaKXk/s72-c/Baudelaire1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-7677063390227882740</id><published>2009-02-19T15:40:00.001-08:00</published><updated>2009-03-05T11:56:45.772-08:00</updated><title type='text'>Muestra kafkiana</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;FRANZ KAFKA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304658515935074594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 126px; CURSOR: hand; HEIGHT: 175px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZ3u0KEPmSI/AAAAAAAAABM/YEaYKE0ywRU/s320/fk.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo."&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;BUITRES&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Erase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.&lt;br /&gt;Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.&lt;br /&gt;-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.&lt;br /&gt;-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.&lt;br /&gt;-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?&lt;br /&gt;-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?&lt;br /&gt;- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.&lt;br /&gt;-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.&lt;br /&gt;El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;UNA PEQUEÑA FÁBULA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.&lt;br /&gt;-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;FIN&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;UNA CONFUSIÓN COTIDIANA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un incidente cotidiano, del que resulta una confusión cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro día vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigirá muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinión de A) son precisamente las de la víspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa.&lt;br /&gt;Esta vez, sin poner mayor atención, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B llegó muy temprano, inmediatamente después de la salida de A, y que hasta se cruzó con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondió que no tenía tiempo y que debía salir en seguida.&lt;br /&gt;A pesar de esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Y ya había preguntado muchas veces si no había regresado aún, pero seguía esperándolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendón y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-7677063390227882740?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/7677063390227882740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=7677063390227882740' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/7677063390227882740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/7677063390227882740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/muestra-kafkiana.html' title='Muestra kafkiana'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZ3u0KEPmSI/AAAAAAAAABM/YEaYKE0ywRU/s72-c/fk.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-6799904235008626855</id><published>2009-02-19T13:56:00.000-08:00</published><updated>2009-02-19T14:09:10.106-08:00</updated><title type='text'>HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS</title><content type='html'>He abstraido algunos textos del Libro "Historias de cronopios y de famas" del maestro Julio Cortazar, espero que alguno de ellos sea de su agrado. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304632827459609810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 195px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZ3Xc5CbJNI/AAAAAAAAABE/hO055wMPy0w/s320/Julio-Cortazar.jpg" border="0" /&gt; &lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;"Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo".&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;Julio cortazar.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pérdida y recuperación del pelo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista. Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño. Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio. Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos pelo (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia en una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda. Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos producirá, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El diario adiario&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Un señor toma un tranvía después de compara el diario y ponerselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Fin del mundo del fin&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Como los escribas continuarán, los pocos lectores que en el mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de escribas. Cada vez más los países serán de escribas y de fábricas de papel y tinta, los escribas de día y las máquinas de noche para imprimir el trabajo de los escribas. Primero las bibliotecas desbordarán de las casas, entonces las municipalidades deciden (ya estamos en la cosa) sacrificar los terrenos de juegos infantiles para ampliar las bibliotecas. Después ceden los teatros, las maternidades, los mataderos, las cantinas, los hospitales. Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros. Entonces pasa que los libros rebasan las ciudades y entran en los campos, van aplastando los trigales y los campos de girasol, apenas si la dirección de vialidad consigue que las rutas queden despejadas entre dos altísimas paredes de libros. A veces una pared cede y hay espantosas catástrofes automovilísticas. Los escribas trabajan sin tregua porque la humanidad respeta las vocaciones, y los impresores llegan ya a orillas del mar. El presidente de la república habla por teléfono con los presidentes de las repúblicas, y propone inteligentemente precipitar al mar el sobrante de libros, lo cual se cumple al mismo tiempo en todas las costas del mundo. Así los escribas siberianos ven sus impresos precipitados al mar glacial, y los escribas indonesios etcétera. Esto permite a los escribas aumentar su producción, porque en la tierra vuelve a haber espacio para almacenar sus libros. No piensan que el mar tiene fondo, y que en el fondo del mar empiezan a amontonarse los impresos, primero en forma de pasta aglutinante, después en forma de pasta consolidante, y por fin como un piso resistente aunque viscoso que sube diariamente algunos metros y que terminar por llegar a la superficie. Entonces muchas aguas invaden muchas tierras, se produce una nueva distribución de continentes y océanos, y presidentes de diversas repúblicas son sustituídos por lagos y penínsulas, presidentes de otras repúblicas ven abrirse inmensos territorios a sus ambiciones etcétera. El agua marina, puesta con tanta violencia a expandirse, se evapora más que antes, o busca reposo mesclándose con los impresos para formar la pasta aglutinante, al punto que un día los capitanes de los barcos de las grandes rutas advierten que los barcos avanzan lentamente, de treinta nudos bajan a veinte, a quince, y los motores jadean y las hélices se deforman. Por fin todos los barcos se detienen en distintos puntos de los mares, atrapados por la pasta, y los escribas del mundo entero escriben millares de impresos explicando el fenómeno y llenos de una gran alegría. Los presidentes y los capitanes deciden convertir los barcos en islas y casinos, el público va a pie sobre los mares de cartón a las islas y casinos donde orquestas típicas y características amenizan el ambiente climatizado y se baila hasta avanzadas horas de la madrugada. Nuevos impresos se amontonan a orillas del mar, pero es imposible meterlos en la pasta, y así crecen murallas de impresos y nacen montañas a orillas de los antiguos mares. Los escribas comprenden que las fábricas de papel y tinta van a quebrar, y escriben con letra cada vez más menuda, aprovechando hasta los rincones más imperceptibles de cada papel. Cuando se termina la tinta escriben con lápiz etcétera; al terminarse el papel escriben en tablas y baldosas etcétera. Empieza a difundirse la costumbre de intercalar un texto en otro para aprovechar las entrelíneas, o se borra con hojas de afeitar las letras impresas para usar de nuevo el papel. Los escribas trabajan lentamente, pero su número es tan inmenso que los impresos separan ya por completo las tierras de los lechos de los antiguos mares. En la tierra vive precariamente la raza de los escribas, condenada a extinguirse, y en el mar están las islas y los casinos o sea los transatlánticos donde se han refugiado los presidentes de las repúblicas, y donde se celebran grandes fiestas y se cambian mensajes de isla a isla, de presidente a presidente, y de capitán a capitán. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Flor y cronopio&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: «Es como una flor». &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tortugas y cronopios.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-6799904235008626855?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/6799904235008626855/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=6799904235008626855' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/6799904235008626855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/6799904235008626855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/historias-de-cronopios-y-de-famas.html' title='HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZ3Xc5CbJNI/AAAAAAAAABE/hO055wMPy0w/s72-c/Julio-Cortazar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-3461638143573232978</id><published>2009-02-16T15:29:00.001-08:00</published><updated>2009-02-16T15:36:57.570-08:00</updated><title type='text'>EL REGRESO DEL CAPITAN</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn3MbAT5eI/AAAAAAAAAAk/BV_N0Hr-jXw/s1600-h/40capi.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303541828985021922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 141px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn3MbAT5eI/AAAAAAAAAAk/BV_N0Hr-jXw/s200/40capi.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El hombre de barba en punta, gorra y chaqueta con gastadas insignias de capitán, sale de su camarote y camina por la despejada cubierta hacia la toldilla de popa del Torrens. La oscuridad se resuelve en un escándalo de estrellas que el mar repite en sus ondas obesas. El capitán lanza un largo bostezo a estribor, que más parece un aullido mudo en la madrugada, y escucha con escrupulosa atención entre los apretados crujidos del maderamen los ronquidos y balbuceos de la tripulación dormida. A veces una tos irremediable abate con estruendo los otros ruidos. Es un tronar enfermo y viejo como en la&lt;br /&gt;El hombre de barba en punta, gorra y chaqueta con gastadas insignias de capitán, sale de su camarote y camina por la despejada cubierta hacia la toldilla de popa del Torrens. La oscuridad se resuelve en un escándalo de estrellas que el mar repite en sus ondas obesas. El capitán lanza un largo bostezo a estribor, que más parece un aullido mudo en la madrugada, y escucha con escrupulosa atención entre los apretados crujidos del maderamen los ronquidos y balbuceos de la tripulación dormida. A veces una tos irremediable abate con estruendo los otros ruidos. Es un tronar enfermo y viejo como en la agonía de un paquidermo prehistórico. El capitán la reconoce. Es la tos de James Wait, el negro fallecido en el Narcisus.De todos los navegantes del azaroso mar, James Wait es el menos apreciado por los hombres del barco. Éstos habían expresado al unísono y con voz de trueno su negativa a incorporarlo a la tripulación. Su insolidaridad en los momentos más críticos, el egoísmo insolente, la malsana costumbre de sentirse siempre infeliz por alguna causa y de querer transferir a los demás toda su desdicha, la vida miserable que hizo pasar a los del Narcisus, eran suficiente prueba para descartar cualquier pensamiento de admitirlo en el Torrens. Con todo, él se las arregló para acompañarlos. Se embarcó en Ko Tao justo el día en que el barco entró en la dársena y la tripulación había descendido a tierra, tal como acostumbra hacerlo desde tiempo inmemorial.Aunque ya no lo necesitan, los hombres del Torrens siguen atados a los devotos rituales de su vida; los practican mecánicamente, como una inadvertida obstinación de recoger sus pasos en repetición infinita, para así permanecer ellos mismos en un estado inmodificable que justifique la levedad de su nueva esencia (ya nadie los percibe). Por eso, aunque ya no requieren abundantes provisiones para travesías heroicas como en el pasado (ahora hacen navegación de cabotaje), tampoco licores fieros en las arriesgadas tabernas de puerto, mujeres mercenarias en las bondades de sus cuerpos, ni la fortuna oculta en las ávidas figuras del póquer, bajan a tierra salvajemente en cuanto huelen puerto; se desbandan enfáticos, con el tropel de los locos a la libertad.James Wait, el negro del Narcisus, había aprovechado aquella ausencia para abordar sigiloso y sin ninguna resistencia, sin ninguna explicación de su parte. Y aguardó en el barco, echado en uno de los camarotes, con las manos de almohada y la habitual indolencia que siempre lo caracterizó, infectándolo todo con los huracanes de su tos, los dos días que tardó en volver la tripulación.El capitán nunca desembarca, pero mientras los hombres se atropellan buscando tierra, él vuela emocionado a la borda y se aplica a gritar un ansioso saludo a algún transeúnte lugareño del puerto.¿Podría usted decirme si éste es Puerto Mariúpol, señor? Mi brújula falsea y yo he perdido la facultad de leer el firmamento.Y vuelve apesadumbrado a su camarote tras la invariable negativa del paisano, que además le ha dado algunas indicaciones para orientarlo; él las acatará tan pronto regrese la tripulación. Los hombres, que en su partida nunca ven a ningún transeúnte de puerto y muchísimo menos oyen el diálogo entre los dos, pero sí observan a su viejo capitán practicando gesticulaciones disparatadas entre palabras insensatas, se limitan a mirarse con socarrones mensajes de un asombro renovado en la burla indulgente. Justo después de uno de esos fracasos del capitán, James Wait se deslizó en el barco. Y el anciano capitán no se percató de su presencia, ocupado de inmediato y como siempre en el estudio de sus viejas cartas de navegación, de amarillentos portulanos y planisferios; en la recuperación de manoseados astrolabios, sextantes y cuadrantes; en el repaso de los libros que le ocuparon la mano a lo largo de su vida, en el recuerdo incómodo de un hogar que no termina de extrañar. Y piensa en Jessie con desasosiego. Sabe que ella lo aguarda para cenar en Puerto Mariúpol y partir juntos al día siguiente hacia Berdichev, tierra que lo trajo al mundo y donde oyó por primera vez del hechizo del mar. Se habían prometido ese viaje a Berdichev una tarde calmosa en el huerto de su casa en Bishopbourne. Él quería volver a su pasado. Quería tener junto a ella una lenta vejez allí, luego de haber cumplido, como toda pareja ordinaria, el ciclo normal de dos hijos y un hogar tranquilo y bostezado. Hace tanto han planeado ese viaje final, que el capitán a veces hasta se ha sentido ya rodeado por los brazos laboriosos de sus parientes vivos. Los otros, los ausentes, también estarán allí a su manera en los rincones de la casa, en las siluetas que mancharán las paredes, en los cuartos solitarios que se llenarán de sus presencias cuando él regrese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Hace inmersión en su vida pasada y no hay nadie en el mundo que consuma ese oficio con vehemencia más febril. Es una especie de festín permanente que él sólo alterna con la pericia para conducir cualquier barco hasta los lugares más insospechados del globo donde haya una gota de mar. Pero siente que le ha dado mil vueltas al mundo en busca de Puerto Mariúpol. Ha unido en su singladura el Atlántico y el Pacífico, el mar de Azov y el mar Negro; el mar de Wadden y el Mediterráneo lo han saludado con familiaridad. Ningún puerto le es ajeno, y en todos ha encontrado la misma respuesta: «Está muy lejos, capitán», y a continuación la prodigalidad del interrogado ha sido explícita sobre hacia dónde debe virar. Él también lo sabe, pero siempre se equivoca. La culpa es de su brújula encantada y de haber perdido la facultad de pedir consejo a los astros. Y Jessie lo espera para cenar y partir al día siguiente hacia Berdichev.&lt;br /&gt;En ocasiones, los ruidos provenientes de cubierta logran romper su recogimiento. Entonces se abren las fauces del infierno y un capitán energúmeno emerge de ellas para imponer disciplina con torrentes de voz que silencian el universo: «¡Y ahora, a la gran gavia! ¡Tú, imbécil, atraca ese andarivel! ¡Muévanse, no se queden sin hacer nada! ¡Contramaestre, no hay descanso hasta que la maniobra quede hecha! ¡Trabajen hasta sangrar! ¡Hay viento para hinchar las velas. Quiero hender ese viento, quiero rasgarlo como a un jamón! ¡No olviden que este viejo barco amigo mío es un clíper extremo! ¡Para eso están aquí!». Y con un movimiento de tornado cierra la puerta de su camarote en un estruendo que hace vacilar la arboladura toda. Los rudos hombres se silencian. Sus rostros, habitados por barba tenebrosa y bruscas cicatrices cargadas de historias inconfesables, nada expresan. Pero esto es sólo en ocasiones. El capitán, por lo general, se limita a escuchar las discusiones de la tripulación y no interviene para nada, salvo que las cosas vayan a mayores. No siempre es así. Ha lidiado con tantas tripulaciones bestiales, que la presente parece integrada por alelados novicios. Ahora, en la madrugada, ante un mar que respira un sueño apacible, oye en la memoria los acostumbrados lamentos de James Wait la noche pasada, pidiendo que alguien lo ayudara con unos aparejos muy pesados.&lt;br /&gt;—¿No ven que mi atormentado cuerpo ya no soporta ni el movimiento del barco? —y tosió su veneno in crescendo hasta obtener respuesta de alguien. Era Kurtz.—¿Y quién te mandó a unírtenos, negro estúpido y maloliente? ¡Tú te lo buscaste! ¡Por mí puedes reventar de nuevo!—¡Esa respuesta sólo podía provenir de ti, maldito explotador de nativos en el Congo! ¡Demonio ladrón de marfil y de conciencias! —respondió James Wait tragándose la tos.—¿De dónde sacas semejante blasfemia, inmundo comedor de ratas? ¡Una palabra más y romperé tu asqueroso pescuezo de gato envenenado!Pero nada pasó. Los otros hombres hicieron comentarios a favor y en contra de los rivales, para terminar, conciliadores, ayudando a James Wait, que no les dio las gracias y se echó en algún rincón a contemplar las nubes y a barrer la cubierta con fragores de tos invencible.El capitán, por costumbre, quiere llevarse un cigarro a la boca, pero en seguida recuerda que ese placer también le ha sido vedado. Jessie se planta ante él y le recrimina de nuevo esa fea costumbre de aspirar porquería: «Ni los trenes, Joseph. Si te fijas bien, ellos se liberan del humo en vez de tragárselo. Eres un fumívoro, Joseph». Él la mira sonriendo con humildad, y le repite su vieja respuesta: «No te fumes la colilla, querida Jessie», para hacerle ver que vuelve sobre temas fatigados. Ella le acaricia la mejilla con su mano anciana y él cierra los ojos con afligida placidez. Cuando los abre, Jessie se ha marchado. Él suspira y pone la mirada húmeda sobre el lánguido horizonte que se despereza entre púrpuras y amarillos perplejos. Un viento maestral silba y envuelve el barco en giros suaves; el capitán lo aspira y siente que atraviesa su cuerpo, hecho también de brisa.Todavía respira la calma de la madrugada, cuando oye la voz de Jim a su espalda:—Mi destino no podía ser otro, ¿verdad, capitán?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;El capitán se vuelve y lo observa. Jim ha permanecido silencioso desde que embarcó, y harto le había costado al capitán convencerlo de acompañarlo. Lo encontró caído aún de cara, tal como quedó, y al invitarlo al barco como había hecho casi con todos los hombres de la tripulación, Jim volvió su rostro en un gesto devastado y se negó en silencio. Luego se incorporó despacio hasta sentarse al lado del cuerpo vacío. Conversaron mucho aquella tarde y Jim seguía renuente a acompañarlo; prefería hablar de sus viajes a Bombay, a Calcuta, a Rangún, a Penang. Ya la inmensa soledad del mundo rebosaba de luna cuando, luego de otra de sus negativas, recuerda el capitán que decidió decirle, con la mirada puesta en el absurdo lago de sangre sobre la hierba enlodada: «¿No estás harto ya de tanta soledad, Jim? Yo levanto para ti la proscripción del mar que te impusieron los hombres. Para ti, Jim, que eres hombre al que embriaga la espuma del mar, que amas las velas y el viento gemidor». Y aquello al fin lo conmovió, aunque ya en el Torrens Jim determinó habitar en el mutismo. Ahora ayuda en las faenas, pero siempre está abstraído. Manipula las jarcias con manos ajenas, va hasta la punta del bauprés con equilibrio animal que ignora todo lo humano. Su mente perdida recorre inmensas zonas de su pasado como si todavía no entendiera el porqué de muchas cosas.&lt;br /&gt;—Tienes razón, Jim —le dice el capitán—. Tenías que morir a manos del malayo Doramín.—No me refiero al balazo, señor. Eso le sucede a cualquiera, ni siquiera me dolió. Hablo de mi vida toda, de la desdicha de mi cobardía al abandonar un maldito barco creyendo que se hundiría; me refiero al deplorable espectáculo del tribunal que me humilló por esa falta, a la fracasada huida de ese pasado deshonroso. ¿Qué puede haber más dramático que un capitán que abandona su barco en el naufragio? Tal vez sólo el lord que antepusieron a mi nombre.—Y ni siquiera podías merecer el amor de una mujer. El destino es avaro, Jim. Te arrebató del mundo justo cuando empezabas a sorberlo.—Sí, capitán. A veces pienso que mi encuentro con la vida fue sólo un estúpido sueño; como si apenas me hubiera sido dado contemplar su entorno, pero jamás se me permitió introducirme en ella. También, que fui puesto en la vida por un dios caprichoso sin ningún propósito, o sólo para regocijo de sus pasiones más siniestras. Pero ahora, visto todo desde la perspectiva del tiempo, es mucho peor, capitán. Ahora creo que mi existencia no tuvo, ni siquiera para mí mismo, ningún sentido. Nada.El capitán observa minucioso al hombre pálido y delgado que planta su extendida figura ante él. Y ve en Jim la mejor alegoría de la desolación.—Te equivocas, Jim —le dice—, te equivocas. Tu vida fue muy importante: me dio un bellísimo tema para contar al mundo. Ahora, ve a tomarte un café y después ocúpate del cabrestante. ¡Y sacude a los hombres para faenar! ¡Se están tomando muy en serio eso de que ya murieron!Luego se vuelve a babor y distrae la mirada en el soñoliento horizonte. Mira el color del mar y lo ve plomizo. Recuerda que los griegos veían en el mar el color del vino y siente placer en la boca. Sin proponérselo, se encuentra de pronto con los ojos fascinados sobre un punto lejano que parece querer definirse en algo más concreto. «Debe ser otro de esos esperpentos que parecen ser la ocupación predilecta de los astilleros de estos confusos tiempos», se dice el capitán. «Pero es posible que su tripulación me indique al fin un rumbo adecuado a Puerto Mariúpol». Toma el catalejo y observa. Aún está muy lejos para distinguirlo sobre el ondulado lomo del mar. Enfoca atento el catalejo, pero ahora su concentración es agredida por atroces vozarrones que arremeten desde los camarotes hasta subir a cubierta. Ya sabe de quiénes se trata. «De nuevo los duelistas. Hoy empezaron temprano», piensa el capitán, mientras camina hacia la roda donde ya se encuentran los hombres frente a frente en actitud de dentelladas. Levanta el índice para hablar como un teólogo, al tiempo que es interrumpido por uno de los hombres.—Capitán, soy Feraud, oficial de húsares al servicio del invicto ejército del emperador Bonaparte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    —Sí, sí, Feraud, ya lo sé. Todos los días lo repites. Pero recuerda que lo de invicto fue sólo por un tiempo. Waterloo todavía humea para desmentirte —responde el capitán en tono pedagógico—. Y tú, D’Hubert, ¿para qué te prestas a esta locura? —concluye, dirigiéndose al otro hombre.—Es la costumbre, capitán; durante toda mi vida fui renuente a este ridículo encuentro, pero siempre terminaba cediendo a la provocación de este bocón, cuyos méritos y ascensos se debieron a mis influencias y buenos oficios. El duelo es la justificación de su existencia, capitán; aceptárselo con renuencia es la mía. A fin de cuentas, él siempre es el humillado.Mientras tanto, Feraud babea de ira; abre la boca y expele injurias de fuego. Se retuerce en su sitio como por una repentina epilepsia, y ya nada lo contiene.—¡Esto es inconcebible! —ruge—. ¡Capitán, formalmente le solicito que me apadrine en esta lid! Ya he hablado con Nostromo y Razumov, que también me asistirán.—Yo sólo cuento con Almayer... si logro arrancarlo de su visionaria pipa de opio —dice algo confundido D’Hubert.El capitán los mira uno a uno, y luego de un prolongado silencio les pregunta lo mismo de todos los días.—¿Y las armas? ¿Se piensan batir con el dedo índice, muchachos? Ya saben que en nuestro estado lo único que podemos portar son cadenas para arrastrar, y eso en las viejas casonas y en los castillos abandonados, porque en este viejo barco sólo servirían para fatigarnos.Los hombres quedan atónitos; entonces repiten su diaria mirada de desconcierto ante omisión tan lamentable y, luego de una gallarda inclinación de cabeza, se retiran cada uno por su lado, confundidos aún por la torpeza de su imprevisión. La tripulación, que ya se dispersa por la cubierta, les palmea las espaldas con afecto. El capitán los ignora porque ahora enfoca todo su cuidado en la presencia del barco en la distancia. Pasa por encima del grumete que enjabona el piso, y vuelve a la borda a concentrar el catalejo sobre ese punto negro que ya se define. «Es raro, muy raro —murmura—, más que el último que avistamos hace tres días y que nos dejó sordos con el estruendo de los engranajes y su motor endemoniado. Éste tampoco tiene velamen ni arboladura; en su lugar han erigido una ridícula arquitectura metálica de cilindros, cubos y rectángulos colosales. Pero no importa. Como va el mundo, todos los barcos terminarán por ser fiel copia del exabrupto ese del Titanic, que fracasó por la soberbia de los armadores: ¡cuarenta y cinco mil toneladas de vanidad!».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sol ya empieza a poner color a las cosas. El cielo, ahora de un azul estridente, omite las nubes; las relajadas olas se han irisado y las gaviotas que meditan en el mástil centellean de tan blancas. El capitán piensa en Jessie, a quien le gustan los amaneceres nítidos. Y decide retener en la memoria todo lo que su vista absorbe para después contárselo a ella en cada detalle. Mientras aguarda a que el otro barco se ponga a distancia de voz, observa meticuloso cada movimiento de los peces, toda transformación de los colores en el agua, la distancia perdida de lugares que imagina también gritando de color, cualquier gesto del mar y de las aves, hasta el mismo estado de su alma queda registrado en la vieja mente del capitán memorioso. Jessie lo espera para cenar y partir al día siguiente hacia Berdichev. En medio de la cena, él le va a dibujar con palabras este amanecer.Ya el otro barco se acerca. Su eslora es enorme; debe ser cinco veces la del Torrens. Intenta leer su nombre, pero el Sol se lo impide al golpear sobre el casco plateado. Puede, no obstante, ver la tripulación por el catalejo. Son hombres muy afeitados y relucientes. Miran también hacia el Torrens con ojos estupefactos de miedo supersticioso, desde sus estrictos uniformes azules. Uno de ellos, acaso el primer oficial, pone los binoculares frente a su catalejo, y entonces el capitán levanta la mano con emoción para saludarlo. Se empina y quiere alcanzarlo con los dedos. El otro no responde y mira interrogante a su vecino, un joven oficial rubio y envarado que parece más tranquilo. Al capitán no le importa que lo ignoren, y grita a sus hombres que se acerquen, que agiten pañuelos, que griten hasta reventar, que hagan sonar el pito, que se desgañiten y se queden sin voz y sin aliento; lo consume una alegría nerviosa. Ellos se detienen en su deambular y lo observan con la conmiseración de siempre. De nuevo, el capitán se ilusiona.Ya los tiene a distancia de voz; puede verlos sin el catalejo. Discierne el decorado de los severos uniformes. Y siente que ha llegado el momento. Almacena cuanto aire le cabe en el pecho, y abre compuertas a la tempestad de su voz:—¿Podrían ustedes decirme hacia dónde es Puerto Mariúpol, señores? Mi brújula falsea y yo he perdido la facultad de leer el firmamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    —Como le decía, señor —habló el joven rubio al primer oficial—, no es extraño que el radar no lo haya detectado. Ningún instrumento puede hacerlo.—Pero es que, además, las velas no están izadas y no hay un alma en cubierta —balbuceó el primer oficial sin quitar los ojos de los binoculares.—Se equivoca usted, señor, es tripulado por almas; sólo que no podemos verlas. Allí está el alma del capitán Józef Teodor Konrad Korzeniowski; acaso usted lo ha oído mencionar como Joseph Conrad, el escritor.El primer oficial dejó los binoculares y miró al joven.—Me habla usted de un hombre que murió hace más de setenta años, Marlowe. ¡Claro que he leído sus libros, son memorables!—Mi bisabuelo, que narró con su voz varios de esos libros, legó a mi familia la historia del capitán Konrad Korzeniowski. Contaba él que a ese capitán, después de veinte años de navegar por todos los mares del mundo, una mujer lo retuvo en tierra, luego fue una familia. Se dedicó entonces a su otro dominio: escribir novelas sobre personajes del mar, y ahora ellos son la tripulación de su barco. Y va de puerto en puerto en busca de Jessie, la mujer que lo aguarda. Se habían prometido un último viaje de ancianos a las tierras de su origen para concluir la vejez entre sus mayores, pero la muerte ignoró ese deseo. Y él no quiere incumplir. Por eso navega vehemente en el Torrens, ese barco que usted tiene a la vista, señor. Navega en el tiempo, navega en la ilusión. Dicen que los puertos lo añoran. Él se deja ver en ellos y hay lugares que lo prefieren como paisaje frecuente en su mar. Todos lo recuerdan, sí, señor. Siempre lo esperan y él no puede demorarse porque tiene una cita importante que cumplir. Debido a eso, en cualquier instante una densa niebla lo cubrirá a nuestros ojos mortales, ya verá usted, señor; en otro instante, hombres de idioma distinto del nuestro verán al Torrens recalar en sus aguas, y aspirarán a contemplar el rostro de su infatigable capitán.&lt;br /&gt; agonía de un paquidermo prehistórico. El capitán la reconoce. Es la tos de James Wait, el negro fallecido en el Narcisus.De todos los navegantes del azaroso mar, James Wait es el menos apreciado por los hombres del barco. Éstos habían expresado al unísono y con voz de trueno su negativa a incorporarlo a la tripulación. Su insolidaridad en los momentos más críticos, el egoísmo insolente, la malsana costumbre de sentirse siempre infeliz por alguna causa y de querer transferir a los demás toda su desdicha, la vida miserable que hizo pasar a los del Narcisus, eran suficiente prueba para descartar cualquier pensamiento de admitirlo en el Torrens. Con todo, él se las arregló para acompañarlos. Se embarcó en Ko Tao justo el día en que el barco entró en la dársena y la tripulación había descendido a tierra, tal como acostumbra hacerlo desde tiempo inmemorial.Aunque ya no lo necesitan, los hombres del Torrens siguen atados a los devotos rituales de su vida; los practican mecánicamente, como una inadvertida obstinación de recoger sus pasos en repetición infinita, para así permanecer ellos mismos en un estado inmodificable que justifique la levedad de su nueva esencia (ya nadie los percibe). Por eso, aunque ya no requieren abundantes provisiones para travesías heroicas como en el pasado (ahora hacen navegación de cabotaje), tampoco licores fieros en las arriesgadas tabernas de puerto, mujeres mercenarias en las bondades de sus cuerpos, ni la fortuna oculta en las ávidas figuras del póquer, bajan a tierra salvajemente en cuanto huelen puerto; se desbandan enfáticos, con el tropel de los locos a la libertad.James Wait, el negro del Narcisus, había aprovechado aquella ausencia para abordar sigiloso y sin ninguna resistencia, sin ninguna explicación de su parte. Y aguardó en el barco, echado en uno de los camarotes, con las manos de almohada y la habitual indolencia que siempre lo caracterizó, infectándolo todo con los huracanes de su tos, los dos días que tardó en volver la tripulación.El capitán nunca desembarca, pero mientras los hombres se atropellan buscando tierra, él vuela emocionado a la borda y se aplica a gritar un ansioso saludo a algún transeúnte lugareño del puerto.¿Podría usted decirme si éste es Puerto Mariúpol, señor? Mi brújula falsea y yo he perdido la facultad de leer el firmamento.Y vuelve apesadumbrado a su camarote tras la invariable negativa del paisano, que además le ha dado algunas indicaciones para orientarlo; él las acatará tan pronto regrese la tripulación. Los hombres, que en su partida nunca ven a ningún transeúnte de puerto y muchísimo menos oyen el diálogo entre los dos, pero sí observan a su viejo capitán practicando gesticulaciones disparatadas entre palabras insensatas, se limitan a mirarse con socarrones mensajes de un asombro renovado en la burla indulgente. Justo después de uno de esos fracasos del capitán, James Wait se deslizó en el barco. Y el anciano capitán no se percató de su presencia, ocupado de inmediato y como siempre en el estudio de sus viejas cartas de navegación, de amarillentos portulanos y planisferios; en la recuperación de manoseados astrolabios, sextantes y cuadrantes; en el repaso de los libros que le ocuparon la mano a lo largo de su vida, en el recuerdo incómodo de un hogar que no termina de extrañar. Y piensa en Jessie con desasosiego. Sabe que ella lo aguarda para cenar en Puerto Mariúpol y partir juntos al día siguiente hacia Berdichev, tierra que lo trajo al mundo y donde oyó por primera vez del hechizo del mar. Se habían prometido ese viaje a Berdichev una tarde calmosa en el huerto de su casa en Bishopbourne. Él quería volver a su pasado. Quería tener junto a ella una lenta vejez allí, luego de haber cumplido, como toda pareja ordinaria, el ciclo normal de dos hijos y un hogar tranquilo y bostezado. Hace tanto han planeado ese viaje final, que el capitán a veces hasta se ha sentido ya rodeado por los brazos laboriosos de sus parientes vivos. Los otros, los ausentes, también estarán allí a su manera en los rincones de la casa, en las siluetas que mancharán las paredes, en los cuartos solitarios que se llenarán de sus presencias cuando él regrese.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn3qH-m1MI/AAAAAAAAAAs/m5HCcYoEyvM/s1600-h/2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303542339273675970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 133px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn3qH-m1MI/AAAAAAAAAAs/m5HCcYoEyvM/s200/2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hace inmersión en su vida pasada y no hay nadie en el mundo que consuma ese oficio con vehemencia más febril. Es una especie de festín permanente que él sólo alterna con la pericia para conducir cualquier barco hasta los lugares más insospechados del globo donde haya una gota de mar. Pero siente que le ha dado mil vueltas al mundo en busca de Puerto Mariúpol. Ha unido en su singladura el Atlántico y el Pacífico, el mar de Azov y el mar Negro; el mar de Wadden y el Mediterráneo lo han saludado con familiaridad. Ningún puerto le es ajeno, y en todos ha encontrado la misma respuesta: «Está muy lejos, capitán», y a continuación la prodigalidad del interrogado ha sido explícita sobre hacia dónde debe virar. Él también lo sabe, pero siempre se equivoca. La culpa es de su brújula encantada y de haber perdido la facultad de pedir consejo a los astros. Y Jessie lo espera para cenar y partir al día siguiente hacia Berdichev.&lt;br /&gt;En ocasiones, los ruidos provenientes de cubierta logran romper su recogimiento. Entonces se abren las fauces del infierno y un capitán energúmeno emerge de ellas para imponer disciplina con torrentes de voz que silencian el universo: «¡Y ahora, a la gran gavia! ¡Tú, imbécil, atraca ese andarivel! ¡Muévanse, no se queden sin hacer nada! ¡Contramaestre, no hay descanso hasta que la maniobra quede hecha! ¡Trabajen hasta sangrar! ¡Hay viento para hinchar las velas. Quiero hender ese viento, quiero rasgarlo como a un jamón! ¡No olviden que este viejo barco amigo mío es un clíper extremo! ¡Para eso están aquí!». Y con un movimiento de tornado cierra la puerta de su camarote en un estruendo que hace vacilar la arboladura toda. Los rudos hombres se silencian. Sus rostros, habitados por barba tenebrosa y bruscas cicatrices cargadas de historias inconfesables, nada expresan. Pero esto es sólo en ocasiones. El capitán, por lo general, se limita a escuchar las discusiones de la tripulación y no interviene para nada, salvo que las cosas vayan a mayores. No siempre es así. Ha lidiado con tantas tripulaciones bestiales, que la presente parece integrada por alelados novicios. Ahora, en la madrugada, ante un mar que respira un sueño apacible, oye en la memoria los acostumbrados lamentos de James Wait la noche pasada, pidiendo que alguien lo ayudara con unos aparejos muy pesados.&lt;br /&gt;—¿No ven que mi atormentado cuerpo ya no soporta ni el movimiento del barco? —y tosió su veneno in crescendo hasta obtener respuesta de alguien. Era Kurtz.—¿Y quién te mandó a unírtenos, negro estúpido y maloliente? ¡Tú te lo buscaste! ¡Por mí puedes reventar de nuevo!—¡Esa respuesta sólo podía provenir de ti, maldito explotador de nativos en el Congo! ¡Demonio &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn39_LlsWI/AAAAAAAAAA0/vcbh5ElxVPA/s1600-h/3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303542680509591906" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 132px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn39_LlsWI/AAAAAAAAAA0/vcbh5ElxVPA/s200/3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;ladrón de marfil y de conciencias! —respondió James Wait tragándose la tos.—¿De dónde sacas semejante blasfemia, inmundo comedor de ratas? ¡Una palabra más y romperé tu asqueroso pescuezo de gato envenenado!Pero nada pasó. Los otros hombres hicieron comentarios a favor y en contra de los rivales, para terminar, conciliadores, ayudando a James Wait, que no les dio las gracias y se echó en algún rincón a contemplar las nubes y a barrer la cubierta con fragores de tos invencible.El capitán, por costumbre, quiere llevarse un cigarro a la boca, pero en seguida recuerda que ese placer también le ha sido vedado. Jessie se planta ante él y le recrimina de nuevo esa fea costumbre de aspirar porquería: «Ni los trenes, Joseph. Si te fijas bien, ellos se liberan del humo en vez de tragárselo. Eres un fumívoro, Joseph». Él la mira sonriendo con humildad, y le repite su vieja respuesta: «No te fumes la colilla, querida Jessie», para hacerle ver que vuelve sobre temas fatigados. Ella le acaricia la mejilla con su mano anciana y él cierra los ojos con afligida placidez. Cuando los abre, Jessie se ha marchado. Él suspira y pone la mirada húmeda sobre el lánguido horizonte que se despereza entre púrpuras y amarillos perplejos. Un viento maestral silba y envuelve el barco en giros suaves; el capitán lo aspira y siente que atraviesa su cuerpo, hecho también de brisa.Todavía respira la calma de la madrugada, cuando oye la voz de Jim a su espalda:—Mi destino no podía ser otro, ¿verdad, capitán?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El capitán se vuelve y lo observa. Jim ha permanecido silencioso desde que embarcó, y harto le había costado al capitán convencerlo de acompañarlo. Lo encontró caído aún de cara, tal como quedó, y al invitarlo al barco como había hecho casi con todos los hombres de la tripulación, Jim volvió su rostro en un gesto devastado y se negó en silencio. Luego se incorporó despacio hasta sentarse al lado del cuerpo vacío. Conversaron mucho aquella tarde y Jim seguía renuente a acompañarlo; prefería hablar de sus viajes a Bombay, a Calcuta, a Rangún, a Penang. Ya la inmensa soledad del mundo rebosaba de luna cuando, luego de otra de sus negativas, recuerda el capitán que decidió decirle, con la mirada puesta en el absurdo lago de sangre sobre la hierba enlodada: «¿No estás harto ya de tanta soledad, Jim? Yo levanto para ti la proscripción del mar que te impusieron los hombres. Para ti, Jim, que eres hombre al que embriaga la espuma del mar, que amas las velas y el viento gemidor». Y aquello al fin lo conmovió, aunque ya en el Torrens Jim determinó habitar en el mutismo. Ahora ayuda en las faenas, pero siempre está abstraído. Manipula las jarcias con manos ajenas, va hasta la punta del bauprés con equilibrio animal que ignora todo lo humano. Su mente perdida recorre inmensas zonas de su pasado como si todavía no entendiera el porqué de muchas cosas.&lt;br /&gt;—Tienes razón, Jim —le dice el capitán—. Tenías que morir a manos del malayo Doramín.—No me refiero al balazo, señor. Eso le sucede a cualquiera, ni siquiera me dolió. Hablo de mi vida toda, de la desdicha de mi cobardía al abandonar un maldito barco creyendo que se hundiría; me refiero al deplorable espectáculo del tribunal que me humilló por esa falta, a la fracasada huida de ese pasado deshonroso. ¿Qué puede haber más dramático que un capitán que abandona su barco en el naufragio? Tal vez sólo el lord que antepusieron a mi nombre.—Y ni siquiera podías merecer el amor de una mujer. El destino es avaro, Jim. Te arrebató del mundo justo cuando empezabas a sorberlo.—Sí, capitán. A veces pienso que mi encuentro con la vida fue sólo un estúpido sueño; como si apenas me hubiera sido dado contemplar su entorno, pero jamás se me permitió introducirme en ella. También, que fui puesto en la vida por un dios caprichoso sin ningún propósito, o sólo para regocijo de sus pasiones más siniestras. Pero ahora, visto todo desde la perspectiva del tiempo, es mucho peor, capitán. Ahora creo que mi existencia no tuvo, ni siquiera para mí mismo, ningún sentido. Nada.El capitán observa minucioso al hombre pálido y delgado que planta su extendida figura ante él. Y ve en Jim la mejor alegoría de la desolación.—Te equivocas, Jim —le dice—, te equivocas. Tu vida fue muy importante: me dio un bellísimo tema para contar al mundo. Ahora, ve a tomarte un café y después ocúpate del cabrestante. ¡Y sacude a los hombres para faenar! ¡Se están tomando muy en serio eso de que ya murieron!Luego se vuelve a babor y distrae la mirada en el soñoliento horizonte. Mira el color del mar y lo ve plomizo. Recuerda que los griegos veían en el mar el color del vino y siente placer en la boca. Sin proponérselo, se encuentra de pronto con los ojos fascinados sobre un punto lejano que parece querer definirse en algo más concreto. «Debe ser otro de esos esperpentos que parecen ser la ocupación predilecta de los astilleros de estos confusos tiempos», se dice el capitán. «Pero es posible que su tripulación me indique al fin un rumbo adecuado a Puerto Mariúpol». Toma el catalejo y observa. Aún está muy lejos para distinguirlo sobre el ondulado lomo del mar. Enfoca atento el catalejo, pero ahora su concentración es agredida por atroces vozarrones que arremeten desde los camarotes hasta subir a cubierta. Ya sabe de quiénes se trata. «De nuevo los duelistas. Hoy empezaron temprano», piensa el capitán, mientras camina hacia la roda donde ya se encuentran los hombres frente a frente en actitud de dentelladas. Levanta el índice para hablar como un teólogo, al tiempo que es interrumpido por uno de los hombres.—Capitán, soy Feraud, oficial de húsares al servicio del invicto ejército del emperador Bonaparte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí, Feraud, ya lo sé. Todos los días lo repites. Pero recuerda que lo de invicto fue sólo por un tiempo. Waterloo todavía humea para desmentirte —responde el capitán en tono pedagógico—. Y tú, D’Hubert, ¿para qué te prestas a esta locura? —concluye, dirigiéndose al otro hombre.—Es la costumbre, capitán; durante toda mi vida fui renuente a este ridículo encuentro, pero siempre terminaba cediendo a la provocación de este bocón, cuyos méritos y ascensos se debieron a mis influencias y buenos oficios. El duelo es la justificación de su existencia, capitán; aceptárselo con renuencia es la mía. A fin de cuentas, él siempre es el humillado.Mientras tanto, Feraud babea de ira; abre la boca y expele injurias de fuego. Se retuerce en su sitio como por una repentina epilepsia, y ya nada lo contiene.—¡Esto es inconcebible! —ruge—. ¡Capitán, formalmente le solicito que me apadrine en esta lid! Ya he hablado con Nostromo y Razumov, que también me asistirán.—Yo sólo cuento con Almayer... si logro arrancarlo de su visionaria pipa de opio —dice algo confundido D’Hubert.El capitán los mira uno a uno, y luego de un prolongado silencio les pregunta lo mismo de todos los días.—¿Y las armas? ¿Se piensan batir con el dedo índice, muchachos? Ya saben que en nuestro estado lo único que podemos portar son cadenas para arrastrar, y eso en las viejas casonas y en los castillos abandonados, porque en este viejo barco sólo servirían para fatigarnos.Los hombres quedan atónitos; entonces repiten su diaria mirada de desconcierto ante omisión tan lamentable y, luego de una gallarda inclinación de cabeza, se retiran cada uno por su lado, confundidos aún por la torpeza de su imprevisión. La tripulación, que ya se dispersa por la cubierta, les palmea las espaldas con afecto. El capitán los ignora porque ahora enfoca todo su cuidado en la presencia del barco en la distancia. Pasa por encima del grumete que enjabona el piso, y vuelve a la borda a concentrar el catalejo sobre ese punto negro que ya se define. «Es raro, muy raro —murmura—, más que el último que avistamos hace tres días y que nos dejó sordos con el estruendo de los engranajes y su motor endemoniado. Éste tampoco tiene velamen ni arboladura; en su lugar han erigido una ridícula arquitectura metálica de cilindros, cubos y rectángulos colosales. Pero no importa. Como va el mundo, todos los barcos terminarán por ser fiel copia del exabrupto ese del Titanic, que fracasó por la soberbia de los armadores: ¡cuarenta y cinco mil toneladas de vanidad!».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sol ya empieza a poner color a las cosas. El cielo, ahora de un azul estridente, omite las nubes; las relajadas olas se han irisado y las gaviotas que meditan en el mástil centellean de tan blancas. El capitán piensa en Jessie, a quien le gustan los amaneceres nítidos. Y decide retener en la memoria todo lo que su vista absorbe para después contárselo a ella en cada detalle. Mientras aguarda a que el otro barco se ponga a distancia de voz, observa meticuloso cada movimiento de los peces, toda transformación de los colores en el agua, la distancia perdida de lugares que imagina también gritando de color, cualquier gesto del mar y de las aves, hasta el mismo estado de su alma queda registrado en la vieja mente del capitán memorioso. Jessie lo espera para cenar y partir al día siguiente hacia Berdichev. En medio de la cena, él le va a dibujar con palabras este amanecer.Ya el otro barco se acerca. Su eslora es enorme; debe ser cinco veces la del Torrens. Intenta leer su nombre, pero el Sol se lo impide al golpear sobre el casco plateado. Puede, no obstante, ver la tripulación por el catalejo. Son hombres muy afeitados y relucientes. Miran también hacia el Torrens con ojos estupefactos de miedo supersticioso, desde sus estrictos uniformes azules. Uno de ellos, acaso el primer oficial, pone los binoculares frente a su catalejo, y entonces el capitán levanta la mano con emoción para saludarlo. Se empina y quiere alcanzarlo con los dedos. El otro no responde y mira interrogante a su vecino, un joven oficial rubio y envarado que parece más tranquilo. Al capitán no le importa que lo ignoren, y grita a sus hombres que se acerquen, que agiten pañuelos, que griten hasta reventar, que hagan sonar el pito, que se desgañiten y se queden sin voz y sin aliento; lo consume una alegría nerviosa. Ellos se detienen en su deambular y lo observan con la conmiseración de siempre. De nuevo, el capitán se ilusiona.Ya los tiene a distancia de voz; puede verlos sin el catalejo. Discierne el decorado de los severos uniformes. Y siente que ha llegado el momento. Almacena cuanto aire le cabe en el pecho, y abre compuertas a la tempestad de su voz:—¿Podrían ustedes decirme hacia dónde es Puerto Mariúpol, señores? Mi brújula falsea y yo he perdido la facultad de leer el firmamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn4G4-bGMI/AAAAAAAAAA8/3XhBEflqNsk/s1600-h/4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303542833462581442" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 132px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn4G4-bGMI/AAAAAAAAAA8/3XhBEflqNsk/s200/4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;—Como le decía, señor —habló el joven rubio al primer oficial—, no es extraño que el radar no lo haya detectado. Ningún instrumento puede hacerlo.—Pero es que, además, las velas no están izadas y no hay un alma en cubierta —balbuceó el primer oficial sin quitar los ojos de los binoculares.—Se equivoca usted, señor, es tripulado por almas; sólo que no podemos verlas. Allí está el alma del capitán Józef Teodor Konrad Korzeniowski; acaso usted lo ha oído mencionar como Joseph Conrad, el escritor.El primer oficial dejó los binoculares y miró al joven.—Me habla usted de un hombre que murió hace más de setenta años, Marlowe. ¡Claro que he leído sus libros, son memorables!—Mi bisabuelo, que narró con su voz varios de esos libros, legó a mi familia la historia del capitán Konrad Korzeniowski. Contaba él que a ese capitán, después de veinte años de navegar por todos los mares del mundo, una mujer lo retuvo en tierra, luego fue una familia. Se dedicó entonces a su otro dominio: escribir novelas sobre personajes del mar, y ahora ellos son la tripulación de su barco. Y va de puerto en puerto en busca de Jessie, la mujer que lo aguarda. Se habían prometido un último viaje de ancianos a las tierras de su origen para concluir la vejez entre sus mayores, pero la muerte ignoró ese deseo. Y él no quiere incumplir. Por eso navega vehemente en el Torrens, ese barco que usted tiene a la vista, señor. Navega en el tiempo, navega en la ilusión. Dicen que los puertos lo añoran. Él se deja ver en ellos y hay lugares que lo prefieren como paisaje frecuente en su mar. Todos lo recuerdan, sí, señor. Siempre lo esperan y él no puede demorarse porque tiene una cita importante que cumplir. Debido a eso, en cualquier instante una densa niebla lo cubrirá a nuestros ojos mortales, ya verá usted, señor; en otro instante, hombres de idioma distinto del nuestro verán al Torrens recalar en sus aguas, y aspirarán a contemplar el rostro de su infatigable capitán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cesar Perez Pinzón. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-3461638143573232978?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/3461638143573232978/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=3461638143573232978' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3461638143573232978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3461638143573232978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/el-regreso-del-capitan.html' title='EL REGRESO DEL CAPITAN'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn3MbAT5eI/AAAAAAAAAAk/BV_N0Hr-jXw/s72-c/40capi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-8229626526338195381</id><published>2009-02-16T15:17:00.000-08:00</published><updated>2009-02-16T15:22:54.658-08:00</updated><title type='text'>EL DESFILE</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn1FU05F8I/AAAAAAAAAAc/rEVSm_8b3D8/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303539508044175298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 250px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn1FU05F8I/AAAAAAAAAAc/rEVSm_8b3D8/s400/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;"He pintado Colombia toda mi vida. Tanto la amable que conocí de niño, como esta que veo ahora a través de la prensa, y que me impacta mucho. Eso me ha producido una impresión y una necesidad de pintar seis o siete cuadros que son, parte de esa realidad. No es una decisión, como que se levanta uno por la mañana y dice voy a pintar la violencia. Es un tema que como que le `rumba' a uno la imaginación, hasta que dice voy a pintar esta cosa. La noticia de la matanza la leí en el Herald Tribune. Me impresionó que una gente que estaba bailando y divirtiéndose la asesinaron. Es algo que me dejó horrorizado. A un artista eso le impresiona mucho. Me quedó en la imaginación, lo sentí y lo hice"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernando Botero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-8229626526338195381?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/8229626526338195381/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=8229626526338195381' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/8229626526338195381'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/8229626526338195381'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/el-desfile.html' title='EL DESFILE'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZn1FU05F8I/AAAAAAAAAAc/rEVSm_8b3D8/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-3747721699020582935</id><published>2009-02-16T15:00:00.000-08:00</published><updated>2009-02-16T15:13:22.178-08:00</updated><title type='text'>CERDOS EN EL VIENTO</title><content type='html'>Amigos, con verdadero placer les presento este texto del maestro triunfo Arciniegas. Les confieso que para mi vida de lector este texto fue fundamental, pues en él prevalecen de manera paralela dos de los pilares de mi concepción sobre la literatura. La ficcionalización de la realidad y el acto problemático de la escritura.Espero que se nutran y disfruten con él y recuerden que soñar es el unico arte que el hombre no debe olvidar jamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;CERDOS EN EL VIENTO &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;(Triunfo Arciniegas) &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZnyYrRf3TI/AAAAAAAAAAU/b9xGREDnex8/s1600-h/untitled.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303536541952367922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 175px; CURSOR: hand; HEIGHT: 138px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZnyYrRf3TI/AAAAAAAAAAU/b9xGREDnex8/s200/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;De repente el cielo fue asaltado por bellos, rosados y angelicales cerdos que sonreían de oreja a oreja. Hechizado por el espectáculo multicolor de sus alas, un niño los confundió con mariposas gordas y quiso saltar para atraparlas. El periódico los consideró una flor de escándalo que revienta un día gris en una ciudad gris. Una vieja de pañoleta y bigotes se persignó y corrió a la iglesia a prepararse para el fin de los tiempos. Tropecé y se me regaron los panes del desayuno frente al almacén de bicicletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tres palabras: el mundo cambió. Nunca antes fue tan fácil ni tan barato recobrar la alegría. Uno miraba al cielo y le daban unas ganas locas de reír. Por ese entonces había peleado con mi mujer y vivía solo, sin afanes, sin rabias. Exprimí cinco naranjas mientras recordaba unos versos de Neruda, bebí el jugo con huevos de codorniz en la ventana, y por fin me decidí a escribir la novela tantas veces postergada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era estúpido, era inconcebible un cielo lleno de mariposas gordas en pleno festival, pero también gracioso. Nadie se explicaba. Nadie preguntó y nadie explicó al principio. No había tiempo para complicaciones. Bastaba levantar la cara para espantar la pena. Casi volábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del regocijo vinieron las preguntas. ¿Por qué, luego de tanto tiempo en el barro y las porquerizas, a los cerdos les daba por vivir en el aire? ¿A qué se debía semejante ataque espiritual? Los estudiosos acudieron a los empolvados libros de metafísica y no encontraron la respuesta. Los sacerdotes y las Hermanitas de la Caridad del Divino Señor invocaron al&lt;br /&gt;Espíritu Santo y, cuando éste no acudió, los solicitantes dieron por entendido que el Espíritu Santo ignoraba la respuesta. El presidente de la república escribió a los científicos de los Estados Unidos pero allí ni siquiera sabían que existían los cerdos voladores. Ese fenómeno no se presentaba en países tan avanzados. Se conocía una canción de Pink Floyd sobre los cerdos en el viento pero todo el mundo sabía que se trataba de la fantasía de un cuarteto de locos que deliraba con la música más deliciosa de este mundo. Los cantantes callejeros, los ciegos que van por el mundo pidiendo una moneda con una aporreada guitarra de cinco cuerdas y el hilo de su voz chillona, extasiados, alabaron las últimas maravillas del cielo. Se decía que Dios se había sobrado con la última de sus criaturas y que ahora por fin el mundo estaba terminado. Y en verdad la gente miraba como si fuese el primer día de la creación. Al principio, porque luego apareció la mano negra de la duda. Una mano peluda que acariciaba la garganta en el cuarto oscuro de los pensamientos.&lt;br /&gt;¿Por qué el hombre tenía que estar cuestionándolo todo? Qué maldita manía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novela se atascó en la mitad del cuarto capítulo. Mi mujer vino a golpear a la puerta una noche cualquiera. Había llorado. Había reflexionado. Decidimos intentar de nuevo una vida en común. Como era viernes, salimos a parrandear y terminamos borrachos y abrazados en La&lt;br /&gt;Viuda Alegre, un bar de moda donde todo el mundo se saludaba de beso. Más de uno llamó por su nombre a mi mujer. Alguien deslizó una mano por su espalda hasta muy abajo y acepté que habíamos estado demasiado tiempo separados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente ya no levantaba la cara para espantar la pena sino para hacer otra pregunta. Una pregunta más en su enredada vida. Otra arruga en la frente. El espectáculo de los cerdos voladores perdió su gracia. Cuando los cerdos realizaban sus asambleas aéreas, pues practicaban con fervor la democracia, el cielo se tapaba peor que con un manto de nubes. La gente maldecía cuando los cerdos no dejaban pasar el sol. Los niños chillaban porque en la&lt;br /&gt;ventana un cerdo intentaba alegrarles el rato y la mamá acudía con la escoba del espanto y luego el marido con el revólver de tumbar ladrones y entonces el cerdo se iba con su sonrisa de ángel a otra parte. Los viernes en la noche no faltaba ningún cerdo al baile de gala y era tal el alboroto que la gente perdió la paciencia. En realidad, nadie soportaba tanto cerdo vanidoso, lleno de harapos pintorescos, y retorciéndose en el aire como si se estuviera destrozando por dentro. Nadie entendía su regocijo de vivir en el viento. Mi mujer maldecía. Le dolía la cabeza todo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cerdos, que ya no regresaron al barro, se bañaban con espuma de mar y pedacitos de nube, porque un mar y una nube siempre estaban a la mano. Ya no más desperdicios sino tréboles, ostras y otras delicadezas. Se les volvió la piel de manzana y pronto fueron más hermosos que los pájaros. Los pintores se volvieron locos por pintarlos y en los museos bajaron las madonas y los ángeles para colgar los cerdos celestiales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pájaros se murieron de envidia y rabia. Los cerdos ahora vivían en los árboles, en sofisticados lechos de terciopelo. Ya casi no tocaban tierra. Estaban felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no el resto del mundo. A la gente le molestaba que no respetaran los semáforos, que no se fregaran la vida buscando un taxi o yendo a la casa en un atestado bus urbano, que no se aburrieran en las oficinas, que no hicieran cola para pagar impuestos, que no se les acabaran los zapatos. El espectáculo de los cerdos voladores, de pronto y por razones que se acumularon como moscas en llaga de pordiosero, se transformó en ofensa pública.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mi mujer vivía en una sola pelotera. Extrañaba los días felices del jugo de naranja y los primeros capítulos de la novela. Mi mujer quería que me dedicara de una vez por todas a vender autos usados. Quería que trabajara más, que viviéramos en un apartamento más grande y que nos fuéramos de vacaciones a Margarita. Nunca entendí su fascinación por la&lt;br /&gt;playa y los espacios abiertos. Siempre detesté ese amontonamiento de gente desnuda, tirada al sol, asándose como pollos. Sólo quería levantarme tarde, leer, escribir el resto de la novela. Mi mujer alegaba que a los treinta y cinco ya no servía para escribir novelas, que pensara en nuestro futuro y que si seguía tan desjuiciado volvería a vivir con su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque no repliqué, sabía que apenas me estaba acercando a la edad de las novelas. Después de una exhaustiva campaña de televisión y prensa, se llegó a la conclusión que hizo respirar de alivio a todo el mundo: los cerdos no podían continuar en el territorio de los aviones y las nubes. Muy bien, dijeron algunos, pero cómo evitar que siguieran allí, quién subiría a bajarlos. Se les ocurrió enlazarlos pero ningún cerdo se dejaba. Se les ocurrió sorprenderlos a piedra pero los cerdos habían adquirido cierta elegancia de trapecistas. Se les ocurrió perseguirlos a tiros pero los cerdos se pusieron fuera de alcance. Después de tantos fracasos, alguien&lt;br /&gt;propuso la solución: recortarles las alas. Los atraparon dormidos en los árboles y cerdo que amanecía sin alas era cerdo que no volaba más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una masacre de alas espantosa. Las cámaras de televisión se regodearon con tanta pluma ensangrentada. El cielo se despobló a una velocidad de vértigo. Sólo quedaba tal cual cerdo en el viento, como una mancha, que los mutilados veían desde tierra con un dolor en el costado. Los cerdos no recuperaron las alas y todos sus hijos nacían desalados. Se crearon cuerpos de seguridad para arrancarle las alas al recién nacido que, por accidente, cayera en tal provocación. El mundo volvió a ser lo que era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mujer regresó con su madre y yo reanudé la novela. Esta vez pude terminarla. Después de escribir la última página, me acerqué a la ventana con el jugo de naranja y supe que más allá del viento continuaban los sobrevivientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un patio vecino, a la luz de la luna, una mujer canta la triste canción de los cerdos que extendieron sus alas de escándalo sobre el duro rostro de las ciudades. Nadie entendió. "¿Quién puede soportar tanto amor?", canta una y otra vez la mujer en el patio. Los cerdos escribieron sus penas con hilos de seda en la misma dureza del aire. La voz sube al cielo y se&lt;br /&gt;quiebra en pedacitos de luz. Agonizaron en silencio, escondieron la cara entre las orejas y desaparecieron. Se fueron a los desiertos y los páramos a contemplar la soledad, más allá del aire de las ciudades. La canción asegura que volverán cuando los tiempos sean menos duros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tanto, en la espera, a veces un cerdo, untado de barro y desdicha, levanta los ojos al cielo y deja caer una lágrima.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Triunfo Arciniegas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;triunfoarci@mixmail.com&lt;br /&gt;Escritor nacido en Málaga (Colombia) y residente en Monteadentro, en las afueras de Pamplona. Ha publicado El cadáver de sol, En concierto, La silla que perdió una pata y otras historias, El león que escribía cartas de amor, La media perdida, La lagartija y el sol, Los casibandidos que casi roban el sol, La pluma más bonita, Serafín es un diablo, El Superburro y otros héroes, El vampiro y otras visitas y las obras de teatro El pirata de la pata de palo, La vaca de Octavio, La araña sube al monte, Lucy es pecosa, Después de la lluvia y Mambrú se fue a la guerra. Con Las batallas de Rosalino obtuvo el VII Premio Enka deLiteratura Infantil, con Caperucita Roja y otras historias el premio Comfamiliar del Atlántico, con La muchacha de Transilvania y otras&lt;br /&gt;historias de amor el Premio Nacional de Literatura de Colcultura y con Torcuato es un león viejo el Premio Nacional de Dramaturgia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-3747721699020582935?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/3747721699020582935/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=3747721699020582935' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3747721699020582935'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3747721699020582935'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/cerdos-en-el-viento.html' title='CERDOS EN EL VIENTO'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SZnyYrRf3TI/AAAAAAAAAAU/b9xGREDnex8/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-4377116537839228575</id><published>2009-02-11T15:34:00.000-08:00</published><updated>2009-02-11T15:35:00.430-08:00</updated><title type='text'>LAS RUINAS CIRCULARES</title><content type='html'>Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.&lt;br /&gt;El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.&lt;br /&gt;Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.&lt;br /&gt;A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.&lt;br /&gt;Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.&lt;br /&gt;Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.&lt;br /&gt;En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.&lt;br /&gt;El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.&lt;br /&gt;Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.&lt;br /&gt;Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.&lt;br /&gt;El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-4377116537839228575?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/4377116537839228575/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=4377116537839228575' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/4377116537839228575'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/4377116537839228575'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/las-ruinas-circulares.html' title='LAS RUINAS CIRCULARES'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-3719337864390358322</id><published>2009-02-06T15:26:00.000-08:00</published><updated>2009-02-06T15:40:59.624-08:00</updated><title type='text'>TODO</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SYzIIaBaEZI/AAAAAAAAAAM/Tt1gDfTYBZQ/s1600-h/bukowski.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299830908257964434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 228px; CURSOR: hand; HEIGHT: 227px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SYzIIaBaEZI/AAAAAAAAAAM/Tt1gDfTYBZQ/s200/bukowski.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Los muertos no necesitan &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;aspirina o tristeza supongo.&lt;br /&gt;pero quizás necesitan lluvia.&lt;br /&gt;zapatos no pero un lugar donde caminar.&lt;br /&gt;cigarrillos no, nos dicen,&lt;br /&gt;pero un lugar donde arder.&lt;br /&gt;O nos dicen: Espacio y un lugar para volar,&lt;br /&gt;da igual. los muertos no me necesitan.&lt;br /&gt;ni los vivos.&lt;br /&gt;pero quizás los muertos&lt;br /&gt;se necesitan unos a otros.&lt;br /&gt;En realidad,&lt;br /&gt;quizás necesitan todo&lt;br /&gt;lo que nosotros necesitamos&lt;br /&gt;y necesitamos tanto&lt;br /&gt;Si solo supiéramos que es.&lt;br /&gt;probablemente es todo y&lt;br /&gt;probablemente todos nosotros&lt;br /&gt;moriremos tratando de conseguirlo o&lt;br /&gt;moriremos porque no lo conseguimos.&lt;br /&gt;Espero que cuando yo este muerto&lt;br /&gt;comprendaís que conseguí&lt;br /&gt;tanto como pude.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Charles Bukowski &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-3719337864390358322?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/3719337864390358322/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=3719337864390358322' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3719337864390358322'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/3719337864390358322'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2009/02/todo-los-muertos-no-necesitan-aspirina.html' title='TODO'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/SYzIIaBaEZI/AAAAAAAAAAM/Tt1gDfTYBZQ/s72-c/bukowski.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4149810650975224789.post-1521426156698997791</id><published>2008-08-18T13:39:00.000-07:00</published><updated>2008-08-18T13:43:46.813-07:00</updated><title type='text'>Bienvenida</title><content type='html'>Soy&lt;br /&gt;Soy el que sabe que no es menos vano&lt;br /&gt;que el vano observador que en el espejo&lt;br /&gt;de silencio y cristal sigue el reflejo&lt;br /&gt;o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy, tácitos amigos, el que sabe&lt;br /&gt;que no hay otra venganza que el olvido&lt;br /&gt;ni otro perdón. Un dios ha concedido&lt;br /&gt;al odio humano esta curiosa llave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy el que pese a tan ilustres modos&lt;br /&gt;de errar, no ha descifrado el laberinto&lt;br /&gt;singular y plural, arduo y distinto,&lt;br /&gt;del tiempo, que es uno y es de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy el que es nadie, el que no fue una espada&lt;br /&gt;en la guerra. Soy eco, olvido, nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge Luis Borges&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4149810650975224789-1521426156698997791?l=fantomas14.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fantomas14.blogspot.com/feeds/1521426156698997791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4149810650975224789&amp;postID=1521426156698997791' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/1521426156698997791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4149810650975224789/posts/default/1521426156698997791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fantomas14.blogspot.com/2008/08/bienvenida.html' title='Bienvenida'/><author><name>Gargantuamn</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10781084976190974406</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://4.bp.blogspot.com/_NrkJog4IxzI/Ss6EdWbCUzI/AAAAAAAAAF8/L9hU1qFi_Jw/S220/152.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
